Entre 2000 y 2002 escribí la columna “Quince y último” en el diario TalCual. Se publicaba cada dos semanas en las páginas de Economía y el tema rondaba más a los individuos que influían en la vida financiera, ese aspecto humano de la noticia económica: globalización, microeconomía, indicadores dictatoriales en la economía venezolana ante la destrucción de las instituciones, pequeños heroísmos de anónimos resistentes, la corrupción mexicana (caso Salinas) o el blanqueo de capitales internacionales.
Pero también abordé temas que se me hacían urgentes, como el atentado del 11 de septiembre en una columna que apareció el 12. O la emigración de mis amigos como vaticinio del rumbo que elegiría pronto. O el racismo económico que propicia la división de las ciudades yel establecimiento de guetos. Ahora, con la distancia de tantos años, releo alguno de los textos y en ocasiones encuentro un tono demasiado enfático ante un pesimismo que no cejaba.
De esta serie periodística de opinión, reproduzco aquellos textos que he encontrado en una limpieza de disco duro del ordenador antiguo.
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Quiero ser una lata de Coca-Cola
Quiero ser libre y preparo mi metamorfosis: Tinta en vez de piel, gaseosa en lugar de carne, aluminio por huesos. Viajar desde Alaska hasta la Patagonia, gracias a mi conversión de humano a lata de refresco, Coca Cola preferiblemente, aunque la empresa pudiera demandarme por utilizar su marca para lograr burlar las fronteras. Anhelo que quisiera cumplir antes del 2005, cuando entre en vigencia el Area de Libre Comercio de las Américas, ALCA, cuyas condiciones, lo más probable, sean muy diferentes a las alcanzadas por los países europeos, cuando se trazaron pertenecer a la misma comunidad.
Un continente donde el precio de los productos valdrá más que la vida de los 800 millones de habitantes de los 33 países que tienen un producto interno bruto de 11 billones de dólares.
La Comunidad Europea comenzó siendo una sociedad "económica", pero cuando eliminaron sus aduanas y aranceles también desecharon, más temprano que tarde, el papeleo para que los ciudadanos que vivían allí pudieran trasladarse a cualquiera de los países en procura de turismo y empleo.
El futuro suena a cadenas y grilletes con el ALCA, si el modelo a seguir va a ser como la experiencia mexicana, que tiene un acuerdo de libre comercio con los colosos del norte y, sin embargo, los espaldas mojadas de Tijuana y Ciudad Juárez siguen siendo perseguidos por los Chuck Norris de la policía texana, inmortalizados en una tétrica serie de televisión que, sin ningún prurito continental, exhibe Televen: Walker Ranger de Texas.
Si no hay permisos de trabajo para los latinos en Estados Unidos y si un mercado sin aranceles ni cuotas para los productos del norte en los países suramericanos, Estados Unidos podrá crecer un poco más y crear nuevos puestos de trabajo, al menos, emplear a los despedidos de las punto-com, pero, aunque los supermercados del tercer mundo parecerán del primero, no habrá trabajo para el grueso de la población, que, si se atiene a unas condiciones justas, deberían poder migrar hacia los lugares donde sí hay trabajo, porque allí se produce lo que se come y compra, sin tener que huir como delincuentes de las autoridades, cotizando en la seguridad social y entrando y saliendo de los países sin temer. Los números ratifican esta realidad desigual: la tercera parte de la riqueza de esta zona de libre comercio pertenece a Estados Unidos, cuyos convenios bilaterales norte-sur con otros países, como Colombia, han mermado el intercambio comercial sur-sur. Este año 2001, Colombia aumentó 20 puntos las importaciones con Estados Unidos, mientras que el intercambio con Venezuela disminuyó 3,7 %. Con respecto a la región, casi 8 puntos menos importó Colombia de la Comunidad Andina de Naciones, que en 25 años no ha logrado lo que el Congreso de EEUU podrá lograr con tan sólo permitir el fast-track al presidente Bush: libre comercio dentro de cuatro años.
Pero esto es más complicado que decretar una zona de libre comercio. Para evitar el flujo migratorio debe haber paridad entre los países afiliados en el sector social, como se hizo en Europa, donde España y Portugal recibieron ingentes cantidades líquidas de dinero, no en calidad de préstamo, para surgir como potencias ricos. No en balde la escritora Maruja Torres llama a sus coterráneos "nuevos ricos", porque lo son. Más de un millón de dólares diarios inyectaron los países de la comunidad a España, mientras duró su acoplamiento al primer mundo.
Yo prefiero ser una lata de refresco, porque la globalización económica me abre las aduanas, viajaré libre en barco, avión o camión, mientras los humanos son encarcelados tras fronteras, banderillas como barrotes, en cárceles cuyas finanzas se desmoronan. Productos libres y hombres esclavos, a menos que los negociadores recuerden que más que protección para las papas y las cebollas de la agricultura, necesita protección el derecho humano, de la gente del montón y no sólo para los profesionales, de buscar mejor calidad de vida, cuestión alcanzable, nada más, con la libertad para buscar el pan que se cuece, probablemente, en remotas ciudades.
TAL CUAL LUNES 14 DE MAYO DE 2001
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La clandestinidad no sirve ni para vender más reses
La semana pasada hablé por teléfono con Otto Ramírez, el ganadero que ha sido declarado "objetivo militar" por la guerrilla colombiana. Cuando contestó su celular le propuse encontrarnos en algún lugar de Venezuela (Ramírez es del Táchira) para observar, durante algunos días, su nueva manera de vivir, de lo que luego se escribiría una crónica. Ramírez me contestó: "Yo te ahorro el viaje porque no estoy viviendo en ninguna parte". Luego me recomendó no hablar más por teléfono. "Yo te caigo por allá, pero no digas dónde". Colgamos y no he vuelto a tener noticias de Ramírez hasta el cierre de esta nota. No lo han matado, aún.
Se puede simpatizar con la izquierda; ser comprador compulsivo de los souvenirs del Che y fanático incondicional del subcomandante Marcos; se puede, incluso, creer los alucinados relatos de los periodistas que conviven con la guerrilla por 48 horas en aquella especie de ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que es San Vicente de Caguán, donde los altos y míticos mandos de las FARC, a la manera más burocrática de los despachos estatales, conceden entrevistas.
No obstante, la relación entre el Estado venezolano y las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) debe ser despolitizada y des-romantizada. Las declaraciones del presidente Chávez sobre su amistad con la guerrilla y la contraofensiva de su ministro de Relaciones Interiores, Luis Miquilena, negando este supuesto el primer día que partió de viaje, indican que hay una grieta en la visión del gobierno. Pero también señalan que el tema guerrilla se ve, nada más, desde el ángulo político. Se olvida que la posición de Venezuela con respecto a la actividad insurgente debe ser fijada a partir de una sola y simple pregunta: ¿La insurgencia colombiana crea bienestar al país? En todo caso, ¿lo creará alguna vez?
En este momento y desde que sucedió el primer secuestro en 1976, la extorsión y el secuestro perpetrados por la guerrilla colombiana dentro de nuestro territorio representa un costo adicional a cada kilo de carne, a cada litro de leche, que pudieran cuantificarse en bolívares, si las cuentas estuvieran claras, cosa que no existe. José Luis Betancourt, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga), calcula que 90% de los productores cancela la vacuna. En San Cristóbal hasta los médicos pagan vacuna.
Entonces, ¿no es la función primordial de la Fuerza Armada proteger la soberanía del país y sus intereses? Hasta en las películas de vaqueros se observa que el ejército aparecía cada vez que los agricultores pioneros del lejano oeste eran amenazados por los indios, aunque en este caso el reclamo era legítimo y provocó un genocidio. Pero aquí un paseo por las carreteras fronterizas permite anotar que el ejército sólo se protege a sí mismo: alcabalas frente a sus batallones. Un monumento de esto se aprecia a unos metros de un batallón de ingenieros en la vía a Guasdualito: frente a la entrada resguardada con metralletas y sacos de arena, un auto fue incinerado.
El capítulo más reciente de amenaza soberbia por parte de la guerrilla ha sido declarar hombre muerto a Otto Ramírez, por negarse a cancelar la extorsión y poner sobre el tapete la creación de un cuerpo paramilitar. Un tema que, a mi parecer, fue abordado de manera ligera e irresponsable. En ese momento, era improbable que Ramírez liderara una cruzada sangrienta e ilegal en los fundos de Venezuela, pues tenía mucho que perder. Ya no. Y menos con cada día que pase en esa vida de fugitivo que lleva ahora, al margen de una ley que no lo protege. En Colombia pasó que los acorralados se unieron a las fuerzas paramilitares.
Para citar un ejemplo célebre, aunque sea del mundo de la literatura, en Europa, los servicios británicos de inteligencia acorazaron a Salman Rushdie cuando cayó sobre él la maldición de los fundamentalistas islámicos al escribir sus Versos Satánicos. La clandestinidad sirvió para que Rushdie se diera a conocer en todo el mundo y repuntara la venta de sus libros. Aquí Ramírez dejó de vivir en alguna parte y de seguro eso no le sirve ni para vender más reses.
TAL CUAL MIÉRCOLES 23 DE MAYO DE 2001
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El gobierno baila solo en su fiesta millonaria
¿Qué hay detrás de las cifras? Siempre el hombre. En el periodismo económico, a menudo tan árido, es necesario que la humanidad se imponga a los números. Narrar la historia del hombre permite abordar con objetividad las noticias financieras. Los derechos individuales por encima de los intereses empresariales y de los gobiernos.
Así que, ¿qué hay detrás del crecimiento registrado por el Banco Central? Por qué, bajo la manta de los datos macroeconómicos, algo, sin embargo, se mueve en contra. Qué germen "conspirador" pulula en el ambiente que contagia aquello que vive detrás de las ventanas, frente a la hornilla, tras el volante, bajo el casco, sobre la acera, y que enferma hasta el punto de organizar las protestas y huelgas que engordan la lista semanal de descontento hacia este "tan eficiente" gobierno. ¿Qué dispara la violencia cotidiana hasta el límite?
Las cifras que muestra, orgulloso y matón el gobierno, habla de habitantes ingratos. ¿Quién podría quejarse cuando un país crece y se desarrolla? El BCV afirma que el "producto interno bruto creció 3,5 % desde enero hasta marzo de este año" y que "la balanza de pagos registró un superávit de 357 millones de dólares". El mismo Presidente, en su cadena desde Malasia, dijo que la "alcancía" de los venezolanos, el Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica (FIEM) rebosaba: más de 6 mil millones de dólares. Entre las reservas internacionales y el FIEM, Venezuela supera los 20 mil millones de dólares. Un récord, según afirmó el Presidente.
Una fiesta de bolívares en la que toda la población debería bailar, como en aquellos tiempos del 4,30, en que el dinero se repartió entre los "oligarcas" (y otras especies de élites), la clase media (que compró autos, viviendas principales y de vacaciones y viajó por diversos parajes de la geografía mundial) y la clase "desposeída", que se educó en gran medida y que obtuvo lo necesario para salir del campo y erigir en las ciudades esas obras inmensas de la arquitectura que son los enjambres de ranchitos. Ladrillo a ladrillo, una gran fortuna que se erogó en efectivo, aunque las simplificaciones pretendan exculpar al país entero, partícipe del festín, y señalar apenas a un ínfimo sector de adecos.
Pero hoy, el gobierno baila solo.
En tan suculento banquete, 15% está desempleado, según cálculos conservadores. 600 mil personas menores de 24 años no tienen trabajo. Más de la mitad de la población activa están en la economía informal. La seguridad social no existe. El Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores afirma que 10 millones de venezolanos ganan menos de lo que cuesta la canasta básica. Una encuesta realizada en este periódico entre los participantes a una marcha el 1 de mayo develó que no comen carne. Esto es lo que hay detrás de las cifras del BCV. El hambre. Esta revolución se arrastra sobre el estómago de la población.
Los administradores de esta "recuperación", de esta bonanza que no encuentra el camino hacia el pueblo, tienen, todos, el mismo perfil: el del anfitrión de la fiesta que otorga limosnas a los que aguardan fuera de la mansión.
Por otra parte, y escribiendo de perfiles, los empresarios, ya sean simpatizantes o no del gobierno, tienen éste: el invitado al salón que prueba un tequeño y guarda diez en el bolsillo. El típico cambiador de dólares, el que negocia con los bancos tasas de interés menores a las del mercado para resguardarse en divisas fuertes.
Detrás de las buenas noticias del BCV no hay luz. Más bien la confirmación de una enorme ineptitud.
TAL CUAL MIÉRCOLES 30 DE MAYO DE 2001
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A veces la arepa no es suficiente para callar la boca
En esta función que presenciamos casi como espectadores, la arepa, en este instante en que se acerca irremisiblemente a los labios de los actores de Gobierno, provoca dos tipos de actuación: 1) funge como un bozal. El hombre se calla y su mutismo puede convertirlo en una sombra dentro del escenario que pierde importancia. Pero, a veces, el silencio se convierte en un ruido blanco estruendoso que interrumpe el discurso oficial.
2) la arepa tiene el mismo papel que la zanahoria, que se amarra a una larga vara y se coloca delante del burro. Entonces, el hombre habla con la vehemencia que sólo dan los aplausos, aunque sean las palmadas íntimas de su patrón, el mismo que sostiene la zanahoria, tan cerca y tan lejos a la vez.
Los dos casos se observan en esta escena precisa, y magistralmente cinematográfica, de la vida económica nacional. A excepción honrosa de los directores Domingo Maza Zavala y Armando León, el Banco Central de Venezuela hace gala de un silencio que retumba en todos los oídos y no sólo con el tema de las tasas de interés y de la fuga de capital, sino con el que, precisamente, tiene que ver con su comunicación: la amenaza de que todas las estadísticas de su departamento y la difusión de las cifras, único reflejo fiel del comportamiento de la economía, salga de la institución, para caer al Ministerio de Planificación, que, ironías de la vida, resulta el despacho más escueto y hermético que existe.
A la par del silencio oficial del BCV y del brazo económico del Ejecutivo, hay otros actores que se encargan de perseguir la arepa amarrada en el bambú. El ministro de Defensa, José Vicente Rangel, y los dirigentes del partido PPT (que ningún otro cargo tienen) Pablo Medina y Aristóbulo Istúriz. El trío de "nuevos ministros" de Finanzas hace gala de que ya leyeron el bestseller "¿Quién se ha llevado mi queso?" Más que eso, ya aprendieron la lección: hay que moverse con los cambios que le imponga el Magnánimo, que, ojo, en este show no se trata del destino.
Y al final de la película, callen los que enmudecen y griten los que patalean, el ciudadano quedará despojado de uno de sus derechos primordiales: la información. Todo un malabarismo en esta época de autopistas y superautopistas de datos.
Dos eventos predicen que ni siquiera los números se salvarán de la adjetivación presidencial: 1) La entrada en vigencia, esta semana, de la Ley de la Función Pública de las Estadísticas. O sea, que las estadísticas ya no tienen la clara función de informar, de extrapolar datos y hacerlos fiables y enmarcados dentro de una realidad poco manipulable, sino que tiene, a partir de esta semana, una "función pública". ¿Cuál será? Probablemente, hacer vivir, cada día, un carnaval de datos disfrazados.
Esta ley contempla quitar voz al BCV, tan incómodo que se ha vuelto este último mes, y prohibir a todos los funcionarios "suministrar información estadísticas, incluso parcial, hasta que el Instituto Nacional de Estadística, órgano centralizado de la información, las haga públicas". Esta mordaza tiene nombre y apellido: Domingo Maza Zavala.
El segundo indicio es la creación del Centro de Inteligencia, en el sótano de Miraflores, donde, según declaraciones de su organizador, contralmirante Carlos Molina Tamayo, dispondrán de datos de todas las instancias públicas y privadas. "En el campo gerencial ha pasado que se adoptan medidas basadas en dos o tres fotos, pero cuando ves la película en su totalidad te das cuenta de que es una realidad incompleta", ha reiterado en diferentes entrevistas el oficial. En pocas palabras, este "centro estratégico" coserá películas completas para pasárselas a los gerentes que toman decisiones. Imagino cuál será la "película completa" de los crudos datos de la salida de divisas: 1.100 millones de dólares en dos meses. Una foto así no merece salir publicada. Otra fotografía que bien debe ser "completada", para "cumplir con la función pública" de las estadísticas, es que las reservas internacionales cayeron 253 millones de dólares en la última semana.
Esconder las estadísticas es ocultar la realidad. Coser fotos para pasar películas completas es manipular la información. Una nueva ley, para prohibir un derecho esencial de estar informados, se aprueba junto a los recursos para construir un búnker desde donde el Presidente dispare "su" información. Y la artillería se batirá contra una poblada apretujada y desarmada.
Un bozal de arepa para el que no persiga la zanahoria al final de la vara.
Ahora, el sorpresivo desenlace de este guión de cine podría ser que aparezca, desde detrás de la cortina del Centro de Inteligencia, Vladimiro Montesinos para provocar el clímax de la cinta. Entonces, sí, esta función se convertiría en todo un clásico de Hollywood.
TAL CUAL MIÉRCOLES 6 DE JUNIO DE 2001
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Concentrar el poder sirve, sobre todo, para paralizar el tiempo
El discurso presidencial apunta a la inacción del país, ya sea por la vía de la coacción o de la complicidad. El presidente evade los problemas y se camufla en arbustos de palabras, que simulan valentía.
"Por lo general, la política marrullera implica cuatro cosas: primera, evitar la transparencia en el Gobierno; segunda, aplazar todo, excepto los ajustes inevitables; tercera, seguir gastando y despedir a cualquiera que se arriesgue a alterar el proceso; cuarta, ignorar la corrupción, porque la corrupción mantiene las cosas estables". La cita pertenece a Rudi Dornbusch, profesor de Economía del Instituto de Tecnología de Massachussets, y la escribió para referirse a Turquía, pero ¡qué bien puede extrapolarse a la realidad venezolana!
¿Y qué es lo que oculta Chávez? Que el bolívar se deprecia a una tasa superior a la que el gobierno quiere imponer para los intereses bancarios. Que la fuga de divisas se acercó a los 10 mil millones de dólares el año pasado, la mitad de las reservas internacionales, y que este año amenaza con superarlo, razón por la que el Banco Central ofrece pagar 13% por colocaciones a corto plazo, y esto es otra razón para que no bajen las tasas de interés. Que las inversiones extranjeras continuaron en picada, 54% menos de febrero a abril, a pesar de sus 20 viajes al exterior. Que lo único que ha "maquillado" las cifras de crecimiento del primer trimestre ha sido la inversión en el sector telecomunicaciones. Que la tasa de homicidios de Caracas es la quinta para una ciudad de Latinoamérica: 69 por cada 100 mil habitantes, lo que la aleja de su destino geográfico de convertirse en centro de negocios americano. Que el gasto social ha sido ineficiente y, como ejemplo, sus dos pilares: 36 mil millones de bolívares dilapidados en el Plan Bolívar 2000, que invirtió 75% de sus recursos en pintar fachadas y montar mercados populares. Fácil comprobarlo: de esta inversión, nada sobrevive hoy. Y del FUS ni hablar, una danza de millones. Ambos programas tienen expedientes por irregularidades, papeles que no podrán ser quemados aunque luego se les exculpe por razones políticas.
Si aún estuviera vigente la Constitución de 1961, ya Hugo Chávez se encontraría en la mitad de su período, sin posibilidad de reelección. Dos años y medio cumplirá pronto y habría gastado gran parte de su oportunidad histórica. A estas alturas, hasta Rafael Caldera había rectificado en su política económica. Pero este presidente tiene prórroga hasta 2013, elecciones mediante. El tiempo no transcurre. El poder lo paralizó.
Gracias a la genuflexa gestión de todos los legisladores que aprobaron la Constitución bolivariana, todavía nos hallamos, y seguiremos, inmersos en un debate político que busca, con desesperación, un enemigo lo suficientemente débil para derrotarlo de un soplido y que, así, el gobierno pueda apuntarse otra victoria de utilería.
El problema de Venezuela no es que el presidente se calle, sino que las instituciones retomen su independencia para acabar con la impunidad; impunidad de la acción y de la inacción, que resulta más costosa que la frenética actividad de un funcionario que llena maletas de efectivo porque no tiene que rendir cuentas.
Cuando se quiera retomar el camino de la democracia y el desarrollo en Venezuela, lo primero que habrá que hacer es reformar la Constitución, esa Carta Magna "bolivariana" que desvió el principal objetivo de una Constitución que se precie: diluir el poder. La Constitución que hoy nos rige, y aquí está la verdadera diferencia con la anterior, concentró todo el poder en una figura: el presidente. No importa quién detente el máximo cargo público de la nación, el contrapeso debería existir y mientras más instituciones estén involucradas en el equilibrio, mejor.
Este sábado que pasó, en el pírrico acto que el Partido Comunista organizó para el presidente (sin ton ni son y de seguro con recursos del Estado), Chávez aseguró, palabras más, palabras menos, que lo más importante en este momento no era aprobar leyes en la Asamblea, sino organizar al pueblo. ¿Organizar a un pueblo al que se le ha aupado para que regrese a la mendicidad? Cabe destacar que las leyes que deben aprobarse en el Legislativo son las que impulsarán la reactivación económica. Y la mayoría de esta legislación debe ser redactada, según lo estipulado en la Ley Habilitante, por los ministros. Es decir, a juicio del presidente, el país debe seguir inmerso en objetivos políticos absolutamente difusos, cortinas de humo para ocultar que, como siempre, la concentración de poder trajo consigo ineficiencia y corrupción, dos componentes que apresuran la caída de la arena que está dentro del reloj.
TAL CUAL MIÉRCOLES 13 DE JUNIO DE 2001
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Soy feliz porque los remordimientos desaparecen con cada sentencia
La sentencia del Tribunal Supremo de Justicia me hizo inmensamente feliz. Tan contento como pudo haber estado Silvio Rodríguez cuando escribió su canción: vivo en un país libre, cuán solamente puede ser libre, en esta tierra... Las razones de tal felicidad son varias. Uno, se demostró que, pase lo que pase, la unidad está garantizada. En esta democracia no hay divisiones ni resquicios y, mucho menos, lugar a dudas: Venezuela es Hugo Chávez y Hugo Chávez, Venezuela.
Así lo dejó entrever, días antes del fallo del TSJ, el Presidente, cuando anunció que expulsaría a los extranjeros que critiquen al país. Que no vengan a nuestra casa a insultarnos, dijo. Un ejercicio de lógica, de esos que le gustaban al padre Arruza de la Universidad Católica, puede traducirnos el significado del discurso: a) Chávez se parece a Fujimori (el apellido del ex mandatario peruano se utiliza en este caso como un sinónimo de autoritarismo) b) Venezuela fue insultada Resultado del silogismo: Chávez es Venezuela (y viceversa).
Los que no se sientan parte del mandatario tendrán que buscar otro gentilicio, pues ni siquiera arroparse con el "bolivariano", en lugar de decir "venezolano", servirá. La imagen de El Libertador también pertenece al Presidente, por tanto a Venezuela. Para eso no hace falta recurrir a los razonamientos de la lógica, sino al análisis de una imagen: En los televisores del viernes en la noche apareció el Presidente rodeado de tres símbolos: Bandera, retrato de Simón Bolívar y espada del Libertador. Pero había un lenguaje velado, encubierto con la maña militar de pasar inadvertido con un traje de camuflaje verde en el centro de Caracas. En un plano cerrado, enfocado para denotar la presencia de estos cuatro elementos, la coronilla de Hugo Chávez se encontraba por encima de la punta de la bandera y alrededor de 30 centímetros por sobre la imagen de Bolívar. La espada en sus manos. Lectura: Hugo Chávez está por encima de todo. Los símbolos patrios, aquí, resultan un arma tan eficaz como la espada blandida en cámara.
Esta es la segunda razón por la que hay que sentirse contentos: El TSJ, en su fallo, ratifica esta pintura que tenemos los venezolanos en nuestro subconsciente y nos evita, así, males psicológicos. Y como algunas opiniones expresadas libremente en los medios de comunicación intentan desdibujar esta bella imagen y contradicen la información emanada por el Ejecutivo, ya sea corporal, visual, escrita o hablada, el juez Jesús Eduardo Cabrera discierne sobre el ejercicio del periodismo, la información y la opinión, y, como en un acto de magia, de un recurso de amparo saca una tesis de grado. La sentencia ya ha sido arduamente discutida públicamente, como para mencionarla en esta columna, pero se concluye que Cabrera nació para enseñar a hacer periodismo.
Elías Santana le dio el meñique y el TSJ se tomó todo el brazo: no sólo no hay derecho a réplica, sino que puede replicar todo el derecho que nadie revira al Presidente. Paso a paso, las instituciones se hicieron una (Chávez es Venezuela) y ahora sólo están ejecutando el cometido para el que fueron unificadas. Nadie debería sorprenderse.
Lo increíble del asunto es que la diatriba pública permitió dilucidar, también, que la seguridad jurídica no sólo no existe, sino que la revolución se encargó de asegurarle un lugar en la mitología nacional, a tal magnitud que debería tener un altar al lado del de María Lionza en la autopista. Nada más y nada menos, que el mismísimo fiscal general de la República quien, para añadir cuentas al rosario, también ocupó el cargo de vicepresidente de la República, Isaías Rodríguez, aseguró que no tiene "claro" si al TSJ le compete reglamentar los artículos de la Carta Magna, como pretendió hacerlo con la sentencia de Cabrera. ¿Por qué? Pues porque no se ha establecido la Ley del Tribunal Supremo de Justicia. En pocas palabras, nadie sabe a cuál sala le compete qué cosa. ¿Qué puede quedar, entonces, para quien emprenda un recurso legal que defienda sus derechos humanos y económicos, si ni siquiera el TSJ tiene normas?
¿Quién querrá confiar sus recursos, su trabajo, su energía a un país sin reglas a las qué sujetarse? ¿Qué empresario evitará resguardarse en dólares? ¿Qué capitalista extranjero traerá su dinero a esta tierra si ni siquiera puede expresarse, bajo pena de expulsión? Hacerme estas preguntas me produjeron un regocijo abismal, gracias a la sentencia del TSJ. Pude, por fin, comenzar a espantar la idea mortificante de montar una venta de cachapas en Guarenas y hacer mi cola en Italcambio sin remordimientos.
TAL CUAL MIÉRCOLES 20 DE JUNIO DE 2001
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El chantaje como política económica
¿Se estará civilizando América Latina? Una triple y feliz coincidencia indica que al menos las instituciones han demostrado la independencia suficiente para comenzar a combatir uno de los dos males principales de estas tierras: la impunidad. El otro mal, la educación, necesita aún mayor tiempo para mejorar.
Los casos, someramente: 1) Enjuiciamiento al ex dictador Augusto Pinochet, en Chile. En esta breve frase, "dictador" puede ir con la preposición "ex", no así su cualidad de asesino, que se lleva de por vida y eso, precisamente, es lo que está demostrando todo este proceso.
2) Enjuiciamiento al ex presidente Carlos Menem, en Argentina. Turbios negocios de armas y asesinatos. Todo un caso para que John Le Carré escriba un libro, si no fuera porque el tercer caso, probablemente, tenga más aliño y escándalo.
3) Proceso a Vladimiro Montesinos, en Perú. Aquí, además, se trata no de simple justicia sino de la reconstrucción moral de un país. Incluso quienes se vieron alguna vez comprometidos con toda la red de corrupción montada por el dúo Alberto Fujimori y Montesinos, hoy, quizás a su pesar, dan la cara. Es el caso de Ketín Vidal, cuyas declaraciones a la prensa desataron la rabia de Hugo Chávez; furia exacerbada por el silencio propio de los recintos dictatoriales.
¿Y por qué hablo aquí de recinto dictatorial? Mientras en Perú las autoridades, desde el presidente electo hasta su posible ministro del Interior; desde el hombre que dirigió la operación de captura de Montesinos hasta el presidente del Congreso, hablaron frente a la institución que representa, mejor que nada, en una sociedad democrática, los oídos y la voz de su pueblo: los medios de comunicación. Dieron su versión y se sometieron, sin tiempo límite, a la ronda de preguntas de los reporteros, no sólo peruanos, sino también venezolanos y de otras nacionalidades. Gracias a estas preguntas y respuestas se obtuvo argumentos sólidos sobre este bufo caso.
Pero aquí, nuestro presidente, prácticamente el único vocero del gobierno (las declaraciones de Miquilena habría que descartarlas por decrépitas, lo que, a la larga, es un favor que se le hace) temió a la prensa, institución que, junto a la Iglesia, no se ha rendido a sus pies. Prefirió hablar por horas frente a un auditorio de títeres que al mínimo chistecito presidencial, reían. Algunos, no sería de extrañar, soltaron par de lágrimas en la cúspide de la victimización.
Lamentablemente nadie, ni siquiera el más locuaz, puede hablar sin parar un promedio de tres horas diarias sin envenenarse con su propia lengua. Al menos, no se puede hacer cuando la única ideología firme de tanto discurso es el mito, la búsqueda de convertirse en un héroe a través del verbo, la obsesión de hacer historia por decreto.
Y tanto movimiento de labios dejó al descubierto la única política económica que tiene esta administración: el chantaje.
Apartando las maniobras y repercusiones que de índole política y diplomática habrá, hay una frase del presidente Hugo Chávez que puede mencionarse en esta página, por su connotación económica, a propósito de la versión peruana sobre la captura de Montesinos. Chávez dijo algo así como: ¿De qué integración se habla; de qué comunidad andina de naciones se habla, cuando no se nos respeta? O sea, que un proyecto continental de desarrollo, que ha salvado obstáculos durante décadas, ahora se podría ver interrumpida por la contradicción encontrada por un presidente de turno en un caso que nada tiene que ver con los aspectos económicos que se discuten arduamente en la mesa de negociación.
El chantaje, el "favorcito", la complicidad. Esa es la política económica. Te arrodillas y te doy. Ese dogma, la doctrina Chávez, se ha visto reflejada, desde que tomó el poder, en las finanzas públicas, en la política social, en el trato con la empresa privada, los bancos, los sindicatos. Ahora la doctrina Chávez se traslada al ámbito regional. Pero tanta extorsión sólo conducirá a aislarnos un poco más.
TAL CUAL MIÉRCOLES 4 DE JULIO DE 2001
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El racismo de la globalización discrimina según el color del dinero
El sábado en la tarde, Richard, su primo Luis y cuatro amigos fueron detenidos por agentes privados de seguridad, en la puerta de peatones del Centro Comercial Sambil. Todos vestían franelas, metidas dentro de los bluyines, y la mitad de ellos con cachuchas. Una ropa dominguera, como la de cualquier visitante del Sambil, a excepción de que Richard, Luis o alguno de los otros, no ostentaba un logotipo de marca en sus telas, ni siquiera el manido símbolo de Nike.
Dos miembros de la empresa Seguridad Sambil, encargada de custodiar las instalaciones del centro comercial les impidió el acceso. La excusa fue que no podían permanecer en las instalaciones sin un representante. Uno de ellos tenía 18 años, pero los vigilantes querían que quienes los representaran fueran sus padres. El mayor de edad me explicó, luego cuál fue el "error" que cometieron: quisieron traspasar la frontera en pelotón y llamaron la atención.
Los vigilantes argumentaron que la estricta medida obedece a que, según sus estadísticas, son estos menores edad, provenientes de estratos pobres de la población, quienes "rompen las vitrinas e intentan pequeños robos". Esa es la manera de prevenir: crear guetos en la ciudad. La fragmentación social comienza a tener sus barreras físicas. Es cuestión de tiempo que la ciudad una sus guetos en inmensos corredores exclusivos para las clases A-B.
Después de observar la escena del Sambil, me pregunté si este lugar era "racista". Me fijé en la gente que me rodeaba y, apenas a mi lado en la escalera mecánica, había una pareja de mediana edad, con una bolsa de compras en la mano, cuya piel era negra como un carbón. No, el motivo de la exclusión no fue la raza.
La discriminación, que siempre denota temor, toma, en este mundo globalizado, un sesgo absolutamente económico. Obviamente, hay excepciones, como las limpiezas étnicas que se libraron y libran, por ejemplo, en Africa y Europa central.
Pero el miedo que incita esta discriminación por el color del dinero se plasma en este ejemplo: anteayer, el noticiero del canal Televisión Española mencionaba el "alerta" de las autoridades, pues organizaciones delincuenciales operaban en las residencias madrileñas que eran abandonadas por la temporada de verano. ¿Cómo fueron bautizadas las bandas? La más experta era la de "colombianos". La incipiente, la de los "albano-kosovares". Luego, desorganizada, la de "latinoamericanos", que roban pequeños objetos en aeropuertos y estaciones.
Cuando se estigmatiza el hurto de residencias durante el verano con una nacionalidad, como el caso de las autoridades y medios de comunicación españoles, se crea un nuevo paradigma en el racismo económico de esta era: el acento que tiene la persona a la hora de hablar. La manera en que se pronuncia una frase logra causar el rechazo de quien, en primera instancia, no temió a la apariencia percibida a primer vistazo. El dejo latino se convierte, así, en una amenaza.
Un peligro tan real como el que representan seis jóvenes humildes a las puertas de un centro comercial inmenso, que alberga las tiendas más lujosas de la capital. No puedes divertirte en mi centro comercial; no puedes entrar a mi país; no puedes permanecer en mi planeta. Vives en un barrio popular; provienes de un país empobrecido; quédate en tu rincón del mundo del que no saldrás nunca. Aunque este sitio quede en la misma ciudad que comparten el discriminado y el discriminador. Pero la puerta es franqueada cuando el dinero se muestra como si estuviera cosido a la piel. Los vigilantes mirarían a otro lado; la genuflexión de la sociedad sería absoluta.
La globalización ha logrado superar la barrera racial. Los países que históricamente se han detestado, ahora son socios comerciales. Las clases sociales que tienen las decisiones en sus manos forman un frente común, se encuentren donde se encuentren, aunque sus ciudadanos tengan apariencias disímiles. Están enlazados por la sangre que destilan las monedas. Pero debajo de ellos, los estratos inferiores, los pobres, son relegados en su conjunto, sean cuales sean sus características físicas. La diferencia es que no forman frente común, como sí lo hicieron los negros norteamericanos, por ejemplo. No se identifican entre sí. Nunca tendrán voz para reclamar derechos.
Los muchachos de Caricuao que no pudieron entrar al Sambil permanecieron más de una hora sentados en el murito de piedra que adorna la fachada. Temieron hablar a la prensa. Se conformaron con ver si los vigilantes rechazaban a otros jóvenes humildes, aquellos que difícilmente comprarán uno de los pares de zapatos de cien mil bolívares que se miran en las vitrinas del centro comercial. Se quedaron fuera, en ese espectro difuso de la frontera, en el que aún pueden estar.
TAL CUAL MIÉRCOLES 11 DE JULIO DE 2001
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La dulce, fácil y vana ilusión de dividir la ciudad
Levantar las barreras que fragmenten a la ciudad en dos mitades no es un asunto espinoso. Sólo necesita constancia. Dividir la ciudad es un proceso paulatino y continuo. Los muros, que contendrán a la población no deseable, se levantan de cemento psicológico y ladrillos físicos.
La parte física es la más visible y rápida. Para continuar con el caso de la semana pasada, en la que se retrataba al Sambil como un pequeño gueto en el que se aplicaba un criterio de racismo económico, la ciudad puede ampliar sus espacios reservados si, por ejemplo, se construye una pasarela comercial, de esas que tienen unos 10 metros de ancho, con tiendas y cafetines a ambos lados, hasta el Centro Comercial Tamanaco. Luego, alargar el corredor hasta el complejo de oficinas que colinda con el CCT, en el que están varios edificios, entre ellos el Cubo Negro. Para mejorar la seguridad, se expediría una especie de pasaporte, una credencial que allane la entrada al complejo.
Poco a poco, este espacio exclusivo sería kilométrico y, entonces, se necesitaría enlazar sus extremos: se construirán autopistas aéreas que sepultarán espacios abiertos, en los que viven los rechazados, que, en algunos lugares, se verían privados hasta de ver el atardecer. Esta visión quizás resulte exagerada, pero no improbable. Y, para concretarse, necesita un previo trabajo que ablande las conciencias: el cemento mental.
El cemento mental actúa cuando, primero, se crea un ambiente de pánico y desconfianza.
El miedo asienta un paradigma: el que no tiene, quiere. Más cuando la promoción de productos y estatus de vida crean necesidades y seducen sin pruritos. Así, todo el que no tiene es un delincuente potencial, porque quiere. La forma más fácil de obtener, y en muchos casos, la única, es quitárselo a quien tiene lo deseado. Por su parte, el que tiene, aunque sea poco, no quiere que se lo quiten. Y a sus ojos, todo el que no tiene puede actuar, con impunidad, para quitárselo. La solución: segregar.
Este racismo económico, como todas las políticas de discriminación, encuentra asidero en el miedo. Luego de escribir el artículo "El racismo de la globalización discrimina según el color del dinero", publicado el miércoles pasado en esta columna, recibí varias cartas en las que se negaba, en unos casos, o se justificaba, en otros, este tipo de política excluyente.
Un lector, a cuyo hijo de 16 años se le impidió la entrada a este centro comercial, y fue tratado "como delincuente", cree, o quiere creer, que la política del Sambil vale para todos y critica que se maneje de una forma velada. Otro lector, administrador de un centro comercial en Maracaibo, apoya irrestrictamente las medidas que su cuerpo de vigilancia toma, similares a las que aplica el Sambil, y explica que "lamentablemente el hábito no hace al monje, pero ayuda a reconocerlo, y no es que se quiera ser racista o clasista..."
Un tercero acotó que "el otro día a mi pana Víctor le metieron dos tiros, para robarle la moto, unos adolescentes vestidos de manera parecida a los que usted describió". Justificaciones por el estilo tenían, incluso, los promotores del apartheid de Sudáfrica. En el libro de J. Briley, Grita Libertad, se describe cuánto hicieron los blancos por protegerse del "peligro" que suponían los negros. Ahora, que la exclusión en este mundo globalizado viene dada más por razones económicas que raciales, llama la atención que los motivos esgrimidos para defender la política de apartamiento, sean tan parecidos. Cabe recordar que la globalización contribuyó a finalizar la terrible política sudafricana.
Este racismo económico tiene un antídoto: ostentar. Ostentar es el gesto desesperado para que los derechos ciudadanos, como el libre tránsito por territorios públicos que son vedados a los marginados, se reconozca. Una anécdota del gerente de un centro comercial puede servir: "El último robo a mano armada que se realizó dentro del centro comercial fue cometido por una persona que iba enfluxada y con un bolso American Tourister en la mano. Lo único que se llevó fue ropa Adidas y Nike".
El ladrón mostró su "carnet" para transitar por el centro comercial: un flux y un maletín de marca, que lo ayudó a burlar la vigilancia. El objetivo de su robo fue conseguir más productos que le permitirán seguir burlando cercos de discriminación económica. Lo peor del caso es que esta segregación sólo contribuye a crear círculos viciosos, a distraer a los ciudadanos de los verdaderos motivos de la violencia callejera y a gastar esfuerzos en levantar una ciudad sobre las ruinas de otra. Pero la nueva ciudad sucumbirá de la misma manera.
TAL CUAL MIÉRCOLES 18 DE JULIO DE 2001
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Los hombres que viven en la fantasía no deberían poder tomar decisiones
En Génova hubo una gala de simbolismos. No hay nada que represente mejor la globalización que una bala. La industria armamentista franqueó las soberanías desde mucho antes de que se acuñara el término "libre comercio". La bala podría ser el icono que dé vida a la bandera del G-8, para recordar que quien tiene las municiones, tiene la razón. Quedó demostrado en Génova que el verdadero cerco que tuvieron los líderes de las potencias, reunidas bajo el alarde de ser las más desarrolladas del mundo, no era de contenedores y rejas, sino de fuerza. Los muros no detienen a las multitudes. Jamás un alambrado ha sido suficiente para difuminar el mundo real. A la realidad se la acorrala con balas.
La manifestación contra la globalización dejó al descubierto a unos líderes soberbios y llenos de temor. Y la respuesta fue la reacción descontrolada de la policía italiana que arremetió con balas. Es cierto que sólo una bala cobró un muerto, Carlo Giuliani, y que el manifestante intentó destruir un carro de la autoridad con un extinguidor de incendios. Pero el símbolo es válido, porque la actitud hostil de Giuliani tampoco era denominador común en los manifestantes y los pacíficos tampoco pudieron transgredir el cerco policial por las buenas. A veces, hay intentos que sólo pueden iniciarse por las malas. El precio es alto para todos.
Un mártir para la causa; otro simbolismo. El presidente de Estados Unidos, George Bush, durmió en un portaaviones; un símbolo más. Los signos seguirán. La próxima cumbre del G8 será en un rincón muy apartado de Canadá. Cada día, efectivamente, la brecha aísla más a unos de otros. Cada día será necesario emplear más de esa riqueza para acuñar más balas que levanten más obstáculos que contengan el mundo.
No hubo simbolismo, no obstante, en las declaraciones de los miembros del G-8. Llegaron a reconocer que su doctrina del libre comercio y de la globalización no había resultado tan buena porque ellos mismos, los apóstoles, no habían aceptado las reglas en sus propios países. Incluso se comprometieron a impulsar el desarrollo del tercer mundo. A mí no me sorprendería para nada que, detrás de tan inmensa muestra de caridad, se esconda una perversa intención: Que, debido a la promesa de cumplir con una mínima parte del Tratado de Kioto para preservar el medio ambiente, esta cacareada ayuda para el desarrollo consista, nada más, en exportar las industrias contaminantes que expulsan de sus fronteras. Inversión multinacional, pues, nada menos.
Las del G-8 fueron palabras con tintes de mea culpa que tan sólo dejaron patente el miedo con que fueron dichas. Miedo a esa presión que desmorona el mundo de la fantasía en que estos hombres, y muchos más como estos ocho elegantes delegados, toman decisiones.
Debería haber una regla mundial que impidiera que las decisiones que involucran a un colectivo sean tomadas por personajes que, ya sea por soberbia o por comodidad, no conocen, no viven, en el mundo real. El poder distorsiona tanto como una dosis máxima de LSD. Pero el bajón llega cuando alguien arroja una torta en la cara del jefe del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial. Cuando la multitud acosa, donde sea que se citen, a los hombres más poderosos de la tierra y no les permite salir de un área de seguridad, el mundo real abre las fauces y no hay droga, ni siquiera el poder, que pueda contra este antídoto.
Sólo en la calma de los consejeros y ministros que muestran el bienestar plasmado en números escritos en papeles sin mácula, la alucinación persiste. Y embriaga otra vez. Pero la gente está allá afuera intentando desvelar lo que el sistema no comprende: que a pesar de los números, de la riqueza, de los miles de millones que se mueven en las cuentas de los bancos, del consumo desbordado del promedio de la población de los países ricos, el mundo no es mejor. La carrera alocada por los dividendos dejó de lado la ética. Y sin la ética, aunque ahora parezca estúpida, no hay bienestar.
TAL CUAL MIÉRCOLES 1 DE AGOSTO DE 2001
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El ajedrez
Algo interesante podría pasar por estos días en las finanzas públicas, gracias a que la pugna interna del chavismo ha trasladado su artillería al campo de la economía. Seguramente, hace mucho que se venía "aconsejando", "murmurando", "recomendando". Palabras necias para oídos sordos, que no salían de los pasillos de Miraflores, cuando las reuniones entre el Presidente y sus allegados del MVR eran habituales, incluso informales, celebradas entre parrilladas y guayaberas.
Había un ambiente amistoso de política interna y las críticas se hacían por debajo de la mesa, nunca en público. Este clima se enrareció este año y los dos bandos contrarios del gobierno comenzaron a fagocitarse. La economía es el tablero de ajedrez donde las piezas blancas, que movieron primero sus peones, intentan conservar la cabeza del rey, el ministro de Cordiplan, mientras las piezas negras arremeten luego del pésimo movimiento de las blancas.
Como una suprarregla del juego, hay un mirón que no es de palo, que funge de árbitro de la partida, que nunca juega para un solo lado, pero no por eso puede catalogarse de imparcial. Sacrificó a la reina de las blancas, para conjurar una protesta de las negras. La reina de las piezas blancas estaba en jaque y el mate se lo dio, precisamente, el mirón parlanchín, cuando lo expuso al ataque de los trabajadores del Metro, en huelga, que se movieron como alfiles para acorralarlo. Una humillación gratuita la que sufrió José Rojas, antes de recoger sus macundales del despacho de Finanzas. Una explicación del por qué José Rojas, un ente casi mudo, esquivo, salió a calmar a unos huelguistas menores, que no se cansaron de insultarlo en una noche aciaga.
El Presidente pretendió, con esta actuación, pasar la mano lisonjera sobre las piezas negras, en un intento por acallar lo que podía salir al público en esta lucha interna del chavismo. Un gesto que quiso decir: aquí les doy un regalo, una concesión en el debate económico tantas veces pospuesto, un cristiano arrojado a los leones. Pan y circo.
Una estrategia para dormir frente a su peor pesadilla que se hace realidad: la oposición que sale de sus propias filas y que se atrincheran en la Asamblea Nacional.
Provocados tal vez por la pérdida de poder que el ala miquilenista ha experimentado, o quizás porque el compás de espera se agotó, las piezas negras comienzan a atacar. Alejandro Armas es el que más hostiga al rey de las blancas, que comienza a moverse. El enroque ya no es posible para Jorge Giordani, que intenta crear una contraofensiva con luces de bengala. Trata de encandilar numerando una serie de logros de ficción. Una serie de cifras que de por sí no significan nada. Porque todas las reservas internacionales pueden evaporarse en un tris, si no existe un aparato productivo sólido. Ninguna iniciativa del gobierno ha logrado sentar bases para ahora sentirnos tranquilos y esto es lo que esgrimen, como un florete, las piezas negras.
Y si Armas es el que despunta con todas las habilidades de la reina, la torre, que lo acompaña en sus movimientos para dar el jaque mate es Francisco Rodríguez. Mientras este último, de quien nadie puede dudar su acervo revolucionario, redacta, desde su oficina de asesoría económica de la Asamblea (donde Armas es diputado) informes muy preocupantes, Armas presentó al CTN un documento que, complementado con un factor político, entregó la cúpula del MVR a Chávez, en la famosa reunión donde ambos, Presidente y partido, se increparon duramente.
La jugada de Armas, y por tanto todo lo concerniente a la economía que había en el documento del CTN, se desprende de su artículo dominical "Decálogo para la revolución económica", publicado en El Nacional. Aquí Armas arremete contra todo lo que ha sido, hasta ahora, credo para el Presidente, y que, a su juicio, y también al mío, arrimó a Venezuela al borde del abismo, a pesar de la bonanza petrolera vivida brevemente y que no podrá sostener la ineptitud financiera de esta administración por mucho tiempo. Al ritmo de gasto de este gobierno, aunque los precios del petróleo se mantengan sin variación para siempre, en un par de años, de todos modos, habrá que declarar la quiebra.
Armas exige que se ponga en práctica la Ley de Licitaciones, para que el sector privado participe en la construcción de viviendas. Esta afirmación no es otra cosa que un derechazo a la mandíbula, hasta ahora batiente de la risa, de Víctor Cruz Weffer, quien mientras estuvo frente a Fondur, cuando aún era una pieza importante en el ajedrez de las fichas blancas, se ufanó de su dedo todopoderoso.
Armas intenta sentar bases para un desarrollo privado: corregir la sobrevaluación de la moneda para contrarrestar la pérdida de competitividad de las industrias nacionales; y reactivar a la industria petrolera, aunque esto suponga un golpe bajo a la estrategia de recortar la producción, ejecutada por la OPEP. También solicita que se incluya al sector privado en los sistemas de seguridad social. Y un último deslizamiento hacia delante, ya para cantar el jaque, no sólo al rey de las blancas, sino al mirón presidencial: diálogo.
TAL CUAL MIÉRCOLES 15 DE AGOSTO DE 2001
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Los amigos
En 1996 emprendí la tarea de realizar una novela multimedia. Todavía recuerdo el comentario lapidario de Caroline de Oteyza, directora del Centro de Investigación de la Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello, cuando le mostré el primer boceto de lo que sería Tierra de Extracción: "Por aquí viene mucha gente enseñando proyectos, pero ninguno termina".
Pero la novela se terminó, gracias a la colaboración de varios amigos, que no pidieron nada a cambio de participar con su trabajo, y al apoyo de mi padre, que costeó los imponderables. De hecho, el experimento continúa, porque, junto a Andreas Meier, jefe del Laboratorio Multimedia de la Universidad Simón Bolívar, realizamos la versión 2.0.
Esta semana, Tierra de Extracción fue una de las obras elegidas para participar en el V Salón Pirelli que se expone en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, Maccsi, y este motivo sirve para pensar ¿dónde están ahora los amigos de 1996?
Raúl Alemán, productor y responsable de la mezcla de las 42 piezas musicales que contiene la novela, se encuentra en Colorado, Estados Unidos, donde está construyendo una exitosa carrera como Dj y productor musical, bajo el seudónimo de Fatuous Eye.
Jorge Ramírez, fundador de conocidas bandas, como Zapato 3 y Máquina Azul, arregló y tocó todos los instrumentos en la canción "Arrastropescas" y "¿Hay alguien en este encierro?". Desde hace un par de meses está en algún lugar de Portugal, esperando para dar el salto a Barcelona.
Hernán Quintero, quien cantó en "Ultima carta" y "Fe de erratas", permanece en Caracas. Tuve noticias de él hace un par de años. Me contó que había cantado, acompañado sólo por su guitarra, frente a las miles de personas que se reunieron para despedir una de las campañas del presidente Chávez.
Los hermanos Campos siguen adelante con su banda Slam Ballet. Con las dos vocalistas de entonces, Estrella Sulbarán y Dariela Cruz, que se radicó en México, arreglaron y cantaron la pieza "Dos poemas".
La agrupación Culto Oculto, que grabó "Un día de playa" y "Concienciación", se desmembró cuando el cerebro de la banda, José Henríquez, se marchó a España a emprender oficios como programador.
Daniel Armand, líder de Pax (mítico grupo electrónico), arregló e interpretó "Andino". Supe por un amigo mutuo que permanece en la isla de Margarita, adonde marchó hace cuatro años.
Frank Cordido, que tocó la guitarra y cantó en "Contradicciones", ahora es un artista que se abre camino desde las aulas de la escuela de arte Armando Reverón y locutor de 92.9.
Ramón León dio vida con sus pinturas a los protagonistas de la novela y permanece en Caracas, donde continúa enseñando los secretos del arte.
Manuel Gallardo, que utilizó mene para recrear los paisajes petroleros, anda por algún lugar de la selva, apoyando las causas indígenas.
Edgar Galíndez, fotógrafo, se marchó a Nueva York un buen día y no regresó.
Humberto Mayol, también fotógrafo, empacó sus cosas y regresó a Cuba, su país, donde trabaja hoy.
Rebeca Alemán, que actuó las voces que retumban en el CD Rom, se radicó también en Nueva York, donde pertenece a una de las compañías de teatro en español más grandes de la ciudad y frecuenta Caracas, para actuar sobre las tablas nacionales.
A cinco años de iniciar la construcción de la novela multimedia, observo dónde están los amigos que iniciaron esta aventura conmigo, e inevitablemente saco un saldo: algún integrante de las bandas que están en Tierra de Extracción, se marchó del país. De los músicos que participaron de manera individual, la mitad buscó otros horizontes. De los maestros del arte, ambos siguen y seguirán en el país, pero los dos fotógrafos se fueron.
Creo que el trasfondo de esta fuga de talentos es el cerco cultural, no la amenaza a la democracia, como quisieran decir algunos sectores políticos de oposición. La diáspora de los artistas no es novedad que produjo este gobierno. Es sólo parte de la factura que emite el atraso educativo y cultural, que es, también, el real motivo de que la mayoría de los votantes de nuestro país haya apoyado esta "retrolución".
TAL CUAL MIÉRCOLES 22 DE AGOSTO DE 2001
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Las drogas
Así como el único hombre honesto del mundo es el que hizo la ley, la única nación con moral en el mundo es la que mantiene el monopolio para juzgar.
En su libro Tai Pan, James Clavell noveló la historia de los ingleses que comerciaban con Oriente, en especial con China. Cuando el té que se producía en China causó furor en Inglaterra, la balanza comercial desfavoreció al imperio occidental. Clavell refiere que el Estado inglés estuvo a punto de colapsar económicamente y adoptó, como política, la venta de opio a China. Los barcos ingleses comenzaron a navegar con las bodegas llenas de esta droga en sus viajes de ida y regresaban con el casco repleto de té. La balanza comercial se estabilizó e, incluso, se hizo favorable para Inglaterra, a costa de la adicción oriental por la pipa y los sueños.
El tema de las drogas sale a colación esta semana debido a la valiente iniciativa de la senadora colombiana Viviane Morales, que presentó ante el Parlamento de su país una propuesta para despenalizar el cultivo, producción y distribución de las drogas. El negocio quedaría en manos de un monopolio ejercido por el Estado. Morales no contó con respaldo político alguno y, según las críticas recibidas al proyecto de ley, la medida podría resultar inocua. Sin embargo, desentumece a la sociedad, no sólo colombiana, sino latinoamericana, y plantea la necesidad de un debate urgente.
Una vez compartí con chamanes yanomami, que realizaban una especie de consejo en el que consumían yopo. La sustancia verdosa era masticada por uno y soplada dentro de la nariz de otro, utilizando largos instrumentos de madera. El chabono estaba en la reserva de biosfera que existe en el Alto Orinoco.
Las drogas, como el yopo y las hojas de coca y de marihuana y los alucinógenos que cita Carlos Castaneda en sus libros sobre las Enseñanzas de Don Juan, por decir algunas típicas de América del Sur, han sido parte fundamental de la cultura de los pueblos.
Lo que ha pervertido este entendimiento ha sido la manipulación política y comercial que se le ha dado a las drogas.
La política aprovecha la debilidad humana. Un ejemplo sucedió durante la conquista del oeste americano, cuando los vaqueros introdujeron el alcohol a las poblaciones indígenas, y que está retratado en el libro Centenario, la saga del Colorado, de James Michener. Y puede contemplarse en este instante con la política represiva que Estados Unidos aplica a los países productores y que dista fundamentalmente de la permisiva que tiene en su jurisdicción para evitar la distribución y el lavado de dinero.
En el plano comercial, la deformación ocurre cuando la materia prima se trata químicamente para producir más efectos sobre el sistema nervioso y, también, para causar más adicción, como sucede con la transformación de la coca a cocaína.
Esta práctica desleal es aplicada, también, por las compañías cigarreras. En los juicios que tienen acorraladas a estas empresas se esgrimen pruebas para demostrar que alteraron incluso genéticamente a las plantas de tabaco para causar más dependencia y mantener un mercado cautivo.
El tema de las drogas no puede ser planteado sólo desde una perspectiva política, que encierra fuertes intereses económicos (el sistema de lavado de dinero obliga a que la mayor parte del capital permanezca en el país consumidor; la industria de armamento encontró allí un gran nicho; la apertura del libre mercado a un producto como la cocaína inclinaría las balanzas comerciales de manera desfavorable para el primer mundo).
Debe abordarse también desde el plano cultural.
Ahora bien, el caso es complejísimo. ¿Por dónde comenzar para compatibilizar la libertad individual, los peligros físicos a los que se expone el hombre con el uso indiscriminado de las drogas y los intereses internacionales? Lo único cierto es que la represión no ha servido para prevenir e irrespeta la decisión personal que tiene cada individuo para elegir si se evade de su realidad, por cuánto tiempo y de qué manera.
Hay otros eventos recientes que invitan a debatir: 1) El gobierno de Canadá contrató a una empresa privada para que cultive marihuana y la comercialice entre pacientes terminales.
2) Funcionarios del gobierno estadounidense afirmaron que, dentro de cinco años, el éxtasis y la marihuana, que se producen en Estados Unidos, sustituirán el consumo de cocaína, que debe importarse de Sur América.
Latinoamérica no puede quedar rezagada en el debate, porque, entonces, no podrá influir en la toma de decisiones y tendrá para siempre la sombra policial sobre sus espaldas. Seguirá existiendo sólo una nación con la moral suficiente para juzgar. Siempre habrá sólo un hombre honesto: el que hace la ley. Entonces, hay que hacer la ley.
TAL CUAL MIÉRCOLES 29 DE AGOSTO DE 2001
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Nacionalismo
Los buhoneros que se apuestan en las colas de las autopistas cambiaron las frutas y los tostones por unas calcomanías de la bandera de Venezuela. Comenzaba la segunda mitad de los noventa, cuando el tricolor se puso de moda en la cola de los autos. Una gran parte de los conductores exhibió las calcomanías al lado de las marcas.
Este súbito arranque de nacionalismo se extendió hacia otro símbolo menos patrio, pero también emblemático: el oso de la cerveza Polar, que, aunque es una especie ártica y su afinidad con nuestro osito frontino es remota, se coló al lado de la calcomanía tricolor. ¿Y después de tan vacío alarde de querencia por lo "nuestro" qué queda?
De los nacionalismos nada más perduran las banderas rotas.
Calcomanías sin puntas, con marcas de uñas que intentaron infructuosamente despegarlas del auto. Unos meses después, los buhoneros abandonaron el tricolor y probaron con otros motivos. Finalmente regresaron a los tostones.
Esta historia viene a mi memoria cuando escucho al presidente Chávez. El domingo, en su maratónico Aló Presidente, Chávez colocó una canción de Eneas Perdomo. Chávez dijo: la música venezolana es la más bella del mundo.
Pero si se destila el discurso con los filtros de la realidad, sólo quedan palabras, que ondean como estandartes rasgados.
Como un tatuaje deleble estampado en la lengua, que se chorrea con la saliva, el nacionalismo de Hugo Chávez se diluye cuando toca el sudor de los empresarios venezolanos. Durante la última semana ocurrieron dos muestras elocuentes: El lunes 27 pasado, en la sede de Fedecámaras esperaban, con cierto alboroto, la presencia del Presidente. Que Chávez pisara la cerámica del piso del edificio del gremio empresarial más grande del país era un acto simbólico: significaba la tregua. Sin excusas, Chávez no se presentó.
Pocas horas después, el jueves 30, Hugo Chávez recibió en su despacho a Dennis Bakke, presidente de AES Corporation. Bakke ya había pisado Miraflores el año pasado, cuando AES lanzó su compra hostil contra La Electricidad de Caracas y la compró. Los minutos dedicados a Dennis Bakke contrastan, por ejemplo, con el trato dado a Lorenzo Mendoza, presidente del Grupo Polar, una de las corporaciones más sólidas del país.
Mendoza pidió audiencia con Chávez cuando Polar adquirió Mavesa, otra gran compañía nacional, en una transacción de 500 millones de dólares. Miraflores admitió la solicitud del empresario. Pero cuando Mendoza se presentó, quien lo recibió fue la vicepresidente Adina Bastidas. La palabra desplante luce apropiada para ambos casos.
Ahora con la OPA que lanza AES contra CANTV, el Presidente asomó que el Estado venderá sus acciones a la oferta anunciada. Un lector de TalCual recuerda que en 1991, cuando se privatizó Cantv, el Estado se reservó poco más de 5 % para mantener representantes en el directorio de la empresa y de esta manera defender los tópicos concernientes al interés social de la compañía. Ahora la voz dentro de la telefónica más grande del país parece no tener ninguna importancia para la administración Chávez.
Este síndrome sin nombre que se desvela de la actitud de desprecio hacia los industriales venezolanos, se traspola en su manera de comunicarse con la Nación.
Antes de partir a Chile para asistir a la Cumbre del Grupo de Río, el mes pasado, Chávez concedió una entrevista a tres periodistas chilenos y en Santiago concedió una rueda de prensa. Defendió la democracia. Pero fueron sólo palabras estampadas de manera lamentable, como las banderitas rotas que todavía permanecen pegadas a algunos carros, porque apenas regresó, el Presidente obligó a una transmisión en cadena por horas. Aunque las cadenas pueden obviarse con resignación, con apenas apagar la televisión o la radio, encierran una gran represión: prohibido preguntar, prohibido discutir. Y hay un solo discurso, el que ondea la bandera como propaganda, para crear un país de súbditos.
TAL CUAL MIÉRCOLES 5 DE SEPTIEMBRE DE 2001
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El Estado ya no puede defenderte (enemigos invisibles)
El ataque terrorista ocurrido ayer contra Nueva York y Washington mostró el peor lado de una nueva época que se caracteriza por la pérdida de poder de los Estados y naciones del mundo.
Las organizaciones han desplazado a los Gobiernos como centros de política. El primer fenómeno visible fue la manera como el músculo económico de las empresas permitió desconocer fronteras y jugar con gobiernos. La diferencia que marcó esta silenciosa invasión fue la manera pacífica y de mutuo acuerdo que reinó.
El éxito de esta avanzada que deterioró a los Estados se debió en parte a la creación de organizaciones supranacionales, que existen en el plano económico, político y militar, y que influyen en la toma de decisiones de los miembros. Los ejemplos de las instituciones económicas internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sobre cómo mermaron con demasiada sutileza y numerosos desaciertos, la política interna de los Estados.
Ayer se inauguró una era bélica en la que los enemigos son invisibles, mutantes, sin fronteras, pequeñas organizaciones en cantidad de miembros, que no representan los intereses (equivocados o no) de una comunidad. El acto terrible cometido contra objetivos civiles y militares de Estados Unidos, utilizando aviones de pasajeros para convertirlos en armas, fue realizado, con seguridad, por un grupo terrorista transnacional, que no representa la política de ningún gobierno.
Los Estados pueden definirse como entidades que son conformadas por colectivos de personas que encuentran los mismos arraigos entre sí y cuyo destino es regido por un gobierno que de alguna forma los representa. Antes, las naciones definían objetivos e intereses y, cuando estos chocaban con los de otros Estados, se enfrentaban. Es la historia de la humanidad, las reglas que encontró la civilización dentro de su propia barbarie.
Pero el ataque terrorista de ayer rompe con esta tradición. Ahora los grupos independientes tienen poder y organización para retar a una nación, cosa antiguamente inimaginable. Además, al no tener peso histórico tras sus espaldas, al no tener que rendir cuentas a una colectividad, desechan cualquier trazo de moral y recurren a la terrible estrategia de involucrar a civiles, de utilizar sus vidas como armas fatales.
Ahora cualquier colectivo puede ser víctima de una cruzada intangible, del enemigo invisible que, como cualquier materia etérea, puede cambiar de principios a su conveniencia.
Estados Unidos podrá lanzar todos sus misiles contra Afganistán y buscar un poco de refugio en la reacción tradicional para mitigar ánimos internos. Sin embargo, el enemigo al que se enfrenta, no sólo Estados Unidos, sino toda la humanidad, no es un gobierno, no es una persona. Se puede utilizar el nombre y la foto de Bin Laden para conseguir un icono, un enemigo tangible y aplicar su táctica de represalias. Pero si fuera tan simple como culpar a un solo hombre de financiar a los grupos terroristas porque el padre es un saudí petrolero millonario, ¿por qué no embargar sus cuentas, por qué no fulmina con los misiles los pozos petroleros del padre?
La reacción norteamericana de bombardear Afganistán es improductiva. Sólo sirve para tranquilizar a la opinión pública y para que el elector duerma un poco más tranquilo, con la seguridad de que su gobierno vengará la afrenta. El enemigo está dentro de las fronteras del país víctima. La era de las transnacionales se apropió también de grupúsculos guerrilleros que se han dispersado y asentado en lugares inimaginables, gracias al espacio concedido por Estados débiles. O más débiles que las organizaciones. Pero esta realidad es más espantosa que la peor pesadilla: el Estado ya no puede defenderte.
Aun hoy es imposible comprender la magnitud de lo ocurrido, los muertos sepultados en los escombros, la intranquilidad que para siempre se asentará sobre la tierra. La pantalla muestra que este apocalipsis tiene menos sangre y más héroes que las películas, que hay más polvo que llamas; más grises que anaranjados. Pero, a pesar de que la espectacularidad del noticiero era menor a las explosiones de la película "Día de la Independencia", ninguna ficción podrá estremecer tanto, anonadar de esta manera a los espectadores, como las imágenes logradas ayer cuando el avión de pasajeros se estrellaba contra la segunda torre del Wolrd Trade Center. Una breve secuencia que jamás debe ser olvidada Lo real tiene ese sabor escabroso que desciende hasta el estómago y se convierte en indignación. Y que debe fomentar la reflexión. Ayer la civilización retrocedió cien años de principios duramente conseguidos por los Estados.
TAL CUAL MIÉRCOLES 12 DE SEPTIEMBRE DE 2001
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El ajuste
Un mito quedó destruido junto a las torres gemelas: el mercado libre. Una de las reglas de la libertad económica consiste en que el Estado debe abstenerse de intervenir en el comercio, pues el mercado se ajusta sólo con los mecanismos que se basan en la ley de la oferta y la demanda.
La teoría luce maravillosa. La economía ha crecido sin límites. Hasta hoy, nada había movido las sólidas bases de las finanzas. Nunca hubo un ajuste hacia abajo, un llamado a la sensatez, a detenerse a pensar para dónde va el acelerado ritmo del crecimiento. Todo parecía indicar que no existen obstáculos en el horizonte que no puedan ser saltados. Hasta que, el 11 de septiembre, del polvo surgió el fin de una leyenda.
Una de las primeras medidas tomadas por la administración de Estados Unidos, cuando aún ardían las torres gemelas, fue imprimir más billetes. La televisión notificaba que, en todo aquel país, los norteamericanos se habían volcado a retirar efectivo de los cajeros automáticos. Quedó demostrado que la riqueza del mundo, la fortuna de cada persona, no está disponible por entero. Ni en monedas ni en oro ni en bienes.
Para compensar el balance en rojo se fabricó riqueza sin sustento.
El fondo de la práctica intervencionista para evitar el bajón se reveló con el anuncio de una serie de medidas, de parte de los gobiernos de economías gigantes: Estados Unidos paralizó el mercado de valores. Negado el ajuste. Estados Unidos y Japón, antes de reabrir Wall Street, abarataron el costo del dinero con una disminución histórica de las tasas de interés. Negado el ajuste. La economía tiene que crecer. Siempre.
Lo que viene se prevé como una guerra de desconocidas proporciones, pero nunca mínimas. Una escalada a largo plazo que paralizará las inversiones y, quizás, el libre tránsito de ciudadanos. Entonces, resulta lógico que existan ajustes hacia abajo en empresas que, en tiempos de paz, digamos, florecieron. Por ejemplo, las aerolíneas. Llama la atención que los máximos precursores de la idea del mercado libre, aquellos que confiscaron la palabra libertad con fines propagandísticos, sean los primeros que desconocen su legado. Estados Unidos aprobó, casi de inmediato, un fondo multimillonario para salvar a las líneas aéreas de la hecatombe financiera. Contrasta, por lo demás, con la posición asumida hasta hoy por la comunidad europea que mira, seguramente no con indiferencia sino con preocupación, cómo sus empresas aeronáuticas anuncian quiebras inminentes. ¿Se contagiarán del síndrome del no ajuste hacia abajo?
Con la negativa de permitir lo que dicta el mercado libre, surgen interrogantes: ¿cómo se salvará el crecimiento económico? ¿Imprimiendo billetes, tal como hicieron cuando el pánico saqueó los cajeros automáticos?
La confiscación de la palabra libertad para promocionar que el mercado no sea intervenido por el Estado, es decir por el colectivo, trajo como consecuencia aberraciones que han quebrado economías nacionales. Por ejemplo, los capitales especuladores que mueven enormes cantidades de dinero y que nunca han producido algo real. Las reglas del mercado se han encargado de poner en su lugar a los capitales especulativos innumerable cantidad de veces, en teoría. Porque en la práctica los gobiernos, temerosos del ajuste hacia abajo, han intervenido para evitar el efecto cascada sobre los números de la economía.
Un ejemplo claro se plasma en el libro "Greenspan", de Bob Woodward: Una firma que controlaba el 30% del mercado especulativo, llamada LTCM, y que tenía entre sus miembros a dos ganadores del Premio Nobel, logró en dos años un rendimiento de 40%. Para sus operaciones utilizaron 100 mil millones de dólares prestados. Es decir, estaban "apalancados". La quiebra que se dio en Rusia en 1994 provocó un "terremoto" y en pocos días la LTCM anunció haber perdido 1.800 millones de dólares, la mitad del capital propio. Tampoco poseía manera de pagar sus acreencias ni podía vender los bonos por ausencia de demanda.
Uno de los socios de esta empresa llamó directamente a un miembro de la Reserva Federal de Estados Unidos, Bill McDonough. La Fed gestionó el auxilio de la empresa para evitar un "auténtico riesgo para la economía norteamericana", pues la caída arrastraría bancas de inversión de la talla de Goldman Sachs. La Fed, primero, consiguió que un multimillonario comprara la empresa y sostuviera sus operaciones hasta que pasara el vendaval. Los directores de LTCM, para no perder sus cargos, rechazaron la oferta. Luego consiguió que 16 empresas bancarias que tenían dinero invertido en LTCM, como Merrill, Lehman Brothers, Salomón Smith Barney, aportaran dinero y salvaran de la quiebra a la empresa especuladora. Así se hizo, y sólo gracias a la intervención subrepticia del Estado.
El precio a pagar por dejar que el mercado actúe, algunas veces, jalando hacia el abismo, es alto. La mejor forma de evitar los ajustes hacia abajo es evitar el crecimiento irreal, que estimulan los gobiernos temerosos del costo político y social implícito en los ajustes del mercado.
TAL CUAL MIÉRCOLES 26 DE SEPTIEMBRE DE 2001
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El blanqueo, la persecución y el precedente
Un hombre calvo, de bigotes, muy bien vestido con un traje a la medida y de alta jerarquía en el Gobierno por ser hermano del Presidente de la República, deposita en efectivo millones de dólares en la banca privada del Citibank. Por supuesto que no lo hace colocando sobre el mostrador de la taquilla un portafolio que reboza dinero, como presuntamente hiciera Vinicio Carrera, recordado ex ministro de Transporte y Comunicaciones, quien, según la leyenda popular, tan confundida por el realismo mágico del latrocinio nacional, olvidó un maletín repleto de dólares en el avión que lo llevaba al exilio. Este hombre, de nombre Raúl Salinas, hermano de Carlos Salinas, ex presidente de México, llegó a depositar 300 millones de dólares a través de un empleado del Citibank, que manejaba, según lo declaró durante una audiencia, las transacciones de otros siete clientes.
Según el informe Global Corruption Report 2001, elaborado por la ONG Transparencia Internacional, Salinas "era sólo uno de las 350 cuentas políticas de alta sensibilidad que había entre 40 mil clientes del departamento de Banca Privada del Citibank". Cada uno de estos clientes debía abrir su cuenta con 3 millones de dólares y, para completar el perfil adecuado, debía alimentar el saldo con nuevos depósitos. Por cierto, hace escasos meses, esta entidad bancaria anunció al ex presidente venezolano Jaime Lusinchi que cerraría la cuenta que mantenía en la banca privada, por no cumplir los requisitos. Otros han corrido peor suerte. Se cuenta que la viuda de Rafael Leonidas Trujillo, dictador de República Dominicana durante 31 años, olvidó las claves de sus cuentas cifradas en Suiza y murió sin dar con ellas en el hueco de su memoria, a pesar del ruego encarecido de sus hijos.
No existe ninguna sorpresa en conocer que las promesas mundiales para luchar contra la corrupción no pasan por incomodar las transacciones financieras que se realizan en las instituciones bancarias, a espaldas de cualquier tipo de ética, salvo que pueda ser traducida en un número con muchos ceros a la derecha.
Pero ahora, luego de que el Gobierno de Estados Unidos anunciara que una operación, en la que participaron policías y entidades financieras de 40 países, desarticuló dos fachadas del terrorismo, Al Taqua y Al Barakaat, bloqueando cuentas bancarias y persiguiendo a sus representantes, existe la certeza de que combatir el movimiento de capitales oscuros no resulta tan difícil como nos hacían creer.
Que los tribunales, las policías y los bancos no tienen las manos amarradas por el derecho internacional ni están perdidos en la maraña de operaciones electrónicas. Que dos meses de investigaciones fueron suficientes para comenzar a desarticular el aparato financiero de los grupos terroristas, quienes recurrieron, según se desprende de las investigaciones, a verdaderos y minúsculos entramados. Las redes del terrorismo no hacen tanto alarde de riqueza como los presidentes, directores y militares del tercer mundo, que realizan sus operaciones dejando un largo rastro tras de sí. No actúan con la torpeza que sólo es comparable a la impunidad que rodea a los corruptos del mundo y que es inversamente proporcional a la voluntad para perseguirlos.
Además, las investigaciones adelantadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos engordan una lista de personas naturales y jurídicas que deben ser perseguidas por toda autoridad y sus cuentas bancarias congeladas. La entidad que no colabore no podrá operar en territorio norteamericano. ¿Percibirá George W. Bush el precedente que sienta? Probablemente aún no. El momento lo hace ver tan sólo como un golpe certero que ayudará a que Occidente venza en la guerra. Pero esta operación que concertó a las autoridades policiales y financieras de 40 países podría constituir la primera acción para desmantelar también la hipocresía bancaria.
El blanqueo de capitales, que incluye la corrupción, el narcotráfico, el terrorismo y la prostitución, puede alcanzar, según cálculos del Banco Mundial, 5% del PIB del planeta, unos 1,5 billones de dólares. Recién, debido a que una de las aristas de la operación bélica Libertad Duradera es cortar toda forma de financiación de las organizaciones relacionadas con Osama bin Laden, se ha dado el primer paso para contrarrestar la facilidad con que las transacciones ilegales se movían por las agencias del mundo.
El rostro de la corrupción sale por instantes de la sombra y se expone a la luz justo en el momento de atesorar el botín. Ojalá que el precedente que sienta la persecución de los capitales del terrorismo sea utilizado para frenar la delincuencia de cuello blanco que cuesta tantas vidas en países pobres como el más lúgubre de los atentados.
TAL CUAL MIÉRCOLES 14 DE NOVIEMBRE DE 2001
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S. R. L.
¿Por qué una porción importante de los votantes de Chávez ahora dejan de apoyarlo, según demuestran las encuestas y el silencio que invade las antiguas euforias? Ninguno de los que apoyaron a Chávez, ninguno, óigase bien, ninguno, debería sentirse defraudado de la gestión del actual presidente.
Hugo Chávez no ha hecho nada que no haya dicho antes. Ni siquiera ahora que aprobó estas 49 leyes que amenazan la propiedad privada y a todo el aparato productivo del país. Todo lo dijo durante su campaña política en sus mítines.
¿No dijo acaso que expropiaría las tierras? Que no diga ahora Hiram Gaviria y su grupo de productores agropecuarios que no sabían de las intenciones de quitar las haciendas a los terratenientes y que ahora, finalmente, está plasmada en la Ley de Tierras. ¿No dijo acaso que quitaría los apartamentos vacacionales y vacíos para repartirlos? Todos los militantes de los partidos que formaron la alianza chavista lo escucharon sonreídos y allí está la Ley de Costas, pues. ¿No dijo que freiría en aceite a los adecos, que en aquel momento era el enemigo declarado, como lo es hoy la invisible oligarquía? Pues que no diga Angela Zago, que tanto alabó el ímpetu militar en su libro (de un título tan cursi que mejor no intento recordar), ni ninguno de los autores, como Jorge Olavarría o Ernesto Mayz Vallenilla, quienes le tendieron la cama intelectual a Chávez, que no sospecharon que estaba dispuesto a convertir su verbo agresivo en acción con tal de no perder el poder que comenzaba a detentar. Que no diga ahora Francisco Arias Cárdenas ni ningún otro golpista que jamás apoyaron la militarización de la administración pública, desde embajadas hasta notarías, en todos sus niveles.
A pesar de sus promesas, no hizo falta un Juan Barreto en el directorio de los medios de comunicación para mostrar su sesgo hacia un candidato que jamás ocultó que su política era el fascismo en su acepción más simple: el Estado metido en todo, hasta en tu dormitorio, controlando. Que no se muestren sorprendidos los banqueros y empresarios del cerco gubernamental, porque las palabras de antaño resonaban como ultimátum.
¿Y el colmo de la hipocresía? Herman Escarrá. Que no venga ahora, por favor, con su carita de yo-no-fui, a pedir enmiendas a la Constitución (un discursito que le compró Isaías Rodríguez), cuando puso su apellido y su reputación, igual que otros infelices, como el ahora desaparecido Ricardo Combellas, para refrendar una Constitución que confería todo el poder a un solo hombre. El Gran Hermano, que hasta le cambió el nombre a la república. Ni chistaron. Hablan ahora, como si Hugo Chávez hubiera torcido el camino.
Lo que se hace hoy no son más que las promesas de ayer. Y todos lo sabían tan bien como ese pueblo que decía que votaría por Chávez, porque "así nos jodemos todos".
Todos los que fabricaron la candidatura de Hugo Chávez, los que le proveyeron de movimiento político, un discurso, una imagen, conformaron una SRL (sociedad de responsabilidad limitada) con escasísimo capital moral. Ahora que los clientes reniegan, porque compraron algo que hace exactamente lo que decía el envase (una "revolución" que retrocede al país un siglo), reniegan de su producto. Los más relevantes son mencionados en este artículo, pero los faltantes aparecen en los diarios de 1998. Pocos fabricantes aún quedan para atender las demandas de los compradores: Luis Miquilena, José Vicente Rangel. ¿Por cuánto tiempo? Cuando las sogas revienten, dirán, también, que el "proceso" fue traicionado.
Los oportunistas de ayer renacen hoy, con otro discurso y la misma apetencia de ambición personal.
Lo único inteligente que puede hacer la oposición, la verdadera, en este momento en que Hugo Chávez desciende vertiginosamente del Olimpo de la popularidad, es apuntalar su gestión para que Venezuela viva lo que democráticamente eligió: un caudillo. Un caudillo que debe asumir el costo político de sus desmanes. De lo contrario, si se cumple el escenario (que se baraja con esperanza ciega) de sacar al actual Presidente y que un gobierno de emergencia enmiende el capote, volverá dentro de diez años otro populista igual, de verbo encendido y falsamente justiciero, que puede o no apellidarse Chávez, y volverá la SRL para fabricar otra candidatura. Más temprano que tarde se sacará cuentas y pasará la factura. País siempre habrá para ser reconstruido.
TAL CUAL JUEVES 20 DE DICIEMBRE DE 2001
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La revancha y la ley
El niño se levantó de su asiento y corrió por el pasillo. Estaba sentado en uno de los asientos de la fila del medio y no alcanzaba a observar las nubes por las ventanillas. Era el segundo viaje en avión de su vida. El primero lo había realizado horas antes.
Cuando el aparato aterrizó en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, el niño y su familia concluían tres días de trayecto. Habían salido de un pueblo cercano a Quito, luego habían atravesado la carretera hasta Bogotá, de donde volaron a Maiquetía y de allí al final de su itinerario, España. La apariencia del niño y su familia delataba que no tomaban vacaciones en Europa. Sus vestidos eran un mosaico de coloridas y desgastadas telas. Su equipaje era escaso. Algunos inmigrantes conocen lo duro que resulta empacar toda una vida en una maleta. Lo desagradable de vender objetos queridos. La familia del niño, no. Tan poco tenían, que nada dejaron y nada llevaron. Su saldo se había agotado al cancelar los cuatro pasajes. Padre, madre, niño y hermanita se embarcaban juntos en la aventura de tomar una revancha. Viajar a un país rico para enriquecerse también.
En el aeropuerto de Madrid, el policía de la aduana retuvo a la familia, debido a algún asunto referente a la documentación. Dos posiciones antagónicas se enfrentan ante el auge de inmigrantes: los que sí y los que no. Los segundos acusan hondas razones chovinistas. Hay afiches en las calles que rezan: "Alto a la invasión. Los españoles primero" y se ilustra con una imagen de agresivas minorías a bordo de una balsa.
Dentro del grupo que favorece la inmigración, se escucha con más fuerza a los "humanitarios", que recurren a la piedad para explotar a los inmigrantes. "Pobrecitos, sufren en sus países, hay que dejar que vengan y trabajen en lo que ningún europeo quiere trabajar". A cambio, por supuesto, se les paga menos, mucho menos, porque su condición de permanencia es irregular. Una doble moral que se apoya en las leyes de inmigración, que entorpece la legalización del extranjero, no así su entrada en trabajos mal remunerados. Resultan peores que los que sencillamente rechazan la inmigración sin más razón que el temor o la ignorancia.
Máximo, un profesional venezolano, tiene dos años en España. Es "ilegal" y trabaja como teleoperador en un horario de medianoche, sin prerrogativas que vayan más allá del sueldo. Con la antigua ley de inmigración, Máximo habría cumplido el lapso para pedir la residencia. Con la nueva, debe esperar tres años más. A cambio, el Gobierno le ofrece entrar este año en un proceso que le otorgará un permiso de residencia, pero no de trabajo. En pocas palabras, debe seguir trabajando ilegalmente, lo que significa que Máximo se debe dejar explotar más. La cuota de sacrificio son, ahora, cinco años, pero la paciencia será premiada.
Los humanitarios ondean su bandera con ejemplos. Sandra, una ecuatoriana de 27 años, después de obtener la residencia, trajo esta semana a sus hijas y a su madre. Pero ahora los cuatro viven en un cuarto, aunque Sandra trabaja 15 horas diarias como camarera. Aun así, el discurso de los humanitarios es sólido, porque Sandra admite que vive mejor que en su país.
Este disfraz altruista no disimula por completo el racismo y la discriminación que encierra. Por las fisuras comienzan a escapar voces, como la de Manolo, un electricista madrileño que convive desde hace 13 años con una peruana. Manolo opina que las leyes deben velar por que todos los trabajadores, sean inmigrantes o no, devenguen el mismo sueldo y beneficios. "Nuestras familias han luchado durante muchísimos años para obtener las condiciones de vida y los salarios que ahora tenemos. Si un empleador prefiere trabajar con un inmigrante, que sea porque es mejor y no porque cobra menos". La empresa de Manolo da trabajo a un marroquí y a dos españoles.
La política en este caso pasa por reconocer la necesidad de trabajadores calificados que atraviesa Europa y flexibilizar las leyes que rigen la inmigración útil. España es la puerta de entrada de inmigrantes no europeos por dos razones: el idioma facilita las cosas a los latinoamericanos y sus costas quedan cara a cara con las playas africanas. Esta circunstancia, que ningún otro país europeo posee, no se aprovecha como la ventaja que representa. En España hay 1,2 millones de extranjeros.
La familia del niño que se maravilló con el paisaje aéreo pasará un mal rato en el aeropuerto, pero no será deportada. Una legión de abogados y ONG impiden que estas violentas medidas policíacas sucedan sin que medie un proceso que casi siempre deriva en una ambigua condición legal. El padre y la madre saldrán a trabajar, aceptarán cualquier sueldo que se les ofrezca y esperarán largos años para obtener beneficios ciudadanos. Aun así, el sabor a revancha no abandonará sus bocas.
TAL CUAL MIÉRCOLES 16 DE ENERO DE 2002
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La conspiración (Cuento de espías)
En esta breve columna, trataré de narrar lo que sucedió en junio de 2002, cuando los precios del petróleo descendieron a su nivel más bajo en una década. En Venezuela, se celebró una secretísima reunión entre el Presidente y altos mandos militares y de Inteligencia. Sólo un civil estuvo presente: el ministro de Economía. Evaluaron un informe enviado por el secretario de la OPEP, donde reconocía que ninguna de sus antiguas estrategias podía, esa vez, aumentar la cotización del barril de crudo. Sobre la mesa había otro documento, quizás más preocupante: La popularidad del Presidente era nula y su administración se sostenía tan sólo gracias al apoyo militar (que tenía el monopolio sobre los auxilios sociales), pero al Gobierno ya no le quedaban recursos para mantener la inversión popular. Durante la picada de los precios del petróleo y con la ciega fe en que se recuperarían, se había ordenado mantener el gasto público y sostener el valor de la moneda en un mercado cambiario repleto de incertidumbre. Así que se agotaron las reservas internacionales y los ahorros del Fondo de Estabilización Macroeconómica. Esto que transcribo son extractos de lo que se dijo en aquel cónclave: -No hay nada que hacer -mantuvo, con su acostumbrada parsimonia, el ministro de Economía.
-Para que no se hunda el barco, mi querido comandante, nada más queda negociar con la oposición una salida digna -aseguró el general de cuatro soles.
-Jamás -bramó el Presidente y sacó del bolsillo de su traje Armani un arrugado recorte de periódico-. Aquí dice que la única manera para que se recuperen los precios es que caiga la monarquía que gobierna Arabia Saudí, lo que no se estima que suceda en el mediano plazo. Pero lo que no sabe el analista que escribió el artículo es que no sólo Estados Unidos tiene una agencia de espionaje. ¡Nosotros también tenemos nuestra propia CIA! ¿O no, mi estimado general?
(No se escucha respuesta alguna, por lo que deduzco que el general afirmó con la cabeza).
-Pues manos a la obra -continuó el Presidente-. Mandemos a nuestros dos mejores hombres a Arabia Saudí para que organicen la rebelión y saquen del poder a esa monarquía. ¿A quiénes mandamos?
-Hablemos con nombres claves, porque nunca se sabe quién graba a quién -propuso un coronel.
Comenzó un intenso debate, que aquí le ahorro al lector, en que relucían apodos, méritos y, sobre todo, incondicionalidad al proceso revolucionario. Finalmente, se decidió por nombrar al "gordo", quien demostró facultades mágicas para las finanzas cuando estuvo al frente del Plan Bolívar 2000, y al "flaco", quien se destacó en Disip cuando los desestabilizadores "sembraron" a Vladimiro Montesinos en el país.
Se les convocó de inmediato. Después de una juramentación, el gordo y el flaco escucharon su misión y la manera de llevarla a cabo. Para no levantar sospechas, primero viajaría el gordo, a quien fue nombrado agregado comercial en Arabia Saudí y su primera gestión sería la promoción de un bar para señoras, donde actuaría el flaco, que tendría que aprender a realizar strip tease. El flaco aseguró que él ya sabía hacerlo. El gordo viajó y comenzó las gestiones; alquiló y remodeló un descomunal local, al que bautizó como El Sultán. Cuando todo estaba listo, llegó el flaco. La noche de la inauguración no asistió nadie.
-No creí que las mujeres de aquí fueran tan religiosas como para no permitirse una canita al aire -justificó el gordo. Para la siguiente noche invirtió una pequeña fortuna en promoción. Sólo llegaron las autoridades morales y cerraron El Sultán.
Por razones de espacio, no contaremos aquí el resto de las peripecias de estos dos agentes del contraespionaje revolucionario. Baste con saber que la misión fracasó, en parte, porque el gordo quiso infiltrarse en el palacio real camuflado dentro de una burka, pues con el velo, que es lo usual en aquel país, no escondía ni sus vellos ni su estómago. Cuando un guardia real detuvo a aquella extraña figura y la burka cayó a los pies del gordo (que, para no sudar demasiado, nada más usaba unos calzoncillos debajo), quedó desvelada un arma y toda la operación. El escándalo tampoco lo reseñaremos aquí (el interesado puede consultar los periódicos de la época), pero cuando estalló, el Presidente quiso desmentir la participación de su Gobierno y juró a su socio de la OPEP y a todo el pueblo venezolano que se trataba de una conspiración fraguada por la oligarquía y los agentes secretos del imperio. Fue su última alocución. Del gordo y el flaco nada más se supo.
TAL CUAL MIÉRCOLES 30 DE ENERO DE 2002
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Al margen del camino
América Latina, nuevamente, se encuentra a la vera del camino. En el mundo, en este momento, se debate un nuevo orden mundial, unas nuevas reglas económicas y éticas, que afectarán el desarrollo de las naciones durante, al menos, toda la primera mitad de este siglo. Pero los países del tercer mundo, los que más deberían aprovechar esta coyuntura, han perdido la voz, ni qué decir del voto o de la capacidad de presión. Sumidos en su propia miseria política y económica, ahogados en sus penurias marginales, tienen una agenda aislada del resto del mundo. Y otra vez Norteamérica y Europa dirán que aquí hay que hacer lo que jamás permitirían que se hiciera en sus países.
En Venezuela, todo el pensamiento ha sido secuestrado por la situación política. No hay discurso que no comience o termine con el apellido Chávez. Pero resulta inevitable, además. ¿Cómo debatir sobre la justicia social, el combate a la pobreza, la difusión del desarrollo tecnológico y la hegemonía de los intereses norteamericanos, sobre una política mundial más justa, cuando en casa todos los avances democráticos, que por demás han sido muy, muy lentos, están en la picota? Lamentablemente, nadie en su sano juicio se puede abstraer de la megalomanía de Hugo Chávez y sus intentos de sumir al país en una dictadura sin más proyecto que la circunstancia emocional que atraviese su Presidente. Aún no se puede ver a este Gobierno como el devaneo pintoresco de un demente, como seguramente se le recordará, como se recuerda otros casos de otras naciones.
Toda la parafernalia de la celebración del 4 de febrero, toda la fortuna gastada sin que aparezca (por ahora) en los presupuestos, me recuerdan aquella fotografía de Bokasa I, un dictador de la desaparecida República Centro Africana, que utilizaba un traje de oro con incrustaciones de todo tipo de gemas. Sólo que la excentricidad de bordar su uniforme militar con piedras preciosas de seguro resultó más barata que lo que gastó este Gobierno en su semana celebratoria del 4-F. Y todo para cumplir con el capricho de un solo hombre: Hugo Chávez. Y después de la parafernalia, el ruego de sacrificio por la patria, para aceptar el costo de tanta incompetencia.
A mí me hubiera gustado que Latinoamérica hubiera hecho verdadero peso en los foros de Porto Alegre y Davos (celebrado este año en Nueva York). Pero la hora es otra en Venezuela. Y en Argentina, Perú y en el resto del continente.
Para que Venezuela vuelva a ver hacia el futuro no hay otra salida que reforzar la institucionalidad. No se puede aplaudir a más militares que aparezcan reclamando democracia decorados con charreteras. La única fuerza armada democrática es la que no se suicida.
Y para reforzar la institucionalidad hay que salir de Hugo Chávez, de una manera constitucional, refrendada por el derecho de Estado, que asegure que ningún otro Chávez de la historia (que hubo, hay y habrá muchos) regrese a hipnotizar al pueblo. Son aquellos títeres del MVR, que están en el Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional, los que ahora deben entender que llegó la hora de su conciencia. Que tienen que actuar antes de que el descalabro (económico, político, social, espiritual, moral) de este Gobierno llegue a sus estados más ínfimos. Más que marchar en la Plaza Altamira a la sombra de un uniformado, la gente tiene que hacerse escuchar en la puerta del Tribunal Supremo y la Asamblea, y si esto no es suficiente, en las casas de los magistrados y de los diputados. Si la conciencia los deja dormir tranquilos, no así el pueblo.
A Venezuela, hoy día, se le excluye de cualquier escenario de discusión serio, incluso en el de los países del Caribe, donde se puede considerar como una "potencia". Muerto de risa y de rabia, el país cae por el despeñadero. Cada año que pasa con Hugo Chávez a la cabeza de este Gobierno inepto retrasa en una década la recuperación de la voz que merece, y debe tener, Venezuela en el debate mundial que, hoy, otra vez, revisa las estrategias a seguir para lograr un mundo cuya riqueza sea mejor distribuida.
TAL CUAL MIÉRCOLES 20 DE FEBRERO DE 2002
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Doble moral
Nino tiene 30 años y hace cuatro años heredó una pequeña ferretería en Maracay. El y su familia vivían modestamente. Hasta que un día los militares destacados en la región comenzaron a comprar materiales de construcción en su tienda. En menos de un año, todos los miembros de la familia de Nino tenían una casa y él compraba de contado una fabulosa camioneta. La madre cuenta con un orgullo enorme lo bien que le va al hijo con su trabajo y enfatiza que en Venezuela nada más existen 12 modelos similares a la camioneta que compró Nino. Los amigos de Nino escuchan y, luego, cuando se quedan solos, restan méritos al compañero porque saben que sólo tuvo suerte: los militares lo eligieron para hacer facturas en blanco y lavar el dinero del Plan Bolívar 2000 y 2001. Además las casitas de las tías son las construcciones populares que financia el Gobierno y que el oficial al mando adjudicó a la familia de su cómplice. Ahora todos viven en la misma calle.
A principios del año pasado, los periódicos intentaron alborotar el avispero con un informe preliminar que realizó la Contraloría General de la República sobre la corrupción inmisericorde del programa social de la actual administración, pero la gente apenas si movió la cabeza de un lado para otro y no hizo falta ni siquiera echarle tierrita para que pasara al olvido, sepultado por debates estériles que ocupan al oficialismo y a la oposición. La doble moral pervive muy arraigada y, la mayor parte de las veces, no es tan fácil detectarla. Una pista de cómo se camufla está en una frase de uno de estos militares que pretenden redimir a la patria del hedor bolivariano que ventila este Gobierno inútil y retórico.
Este domingo, el diario español El País entrevistó al contralmirante Carlos Molina Tamayo, el militar de mayor rango de entre los que han pedido la renuncia de Hugo Chávez. Con una pregunta, Ludmila Vinogradoff, la periodista que firma la nota, fusiló al militar, que ocupó altos cargos en esta administración: jefe de Armamento, secretario del Consejo de Seguridad de la Nación y recién nombrado embajador en Grecia.
"¿Cuánta responsabilidad tiene usted que ha ocupado cargos de Seguridad?", interrogó Vinogradoff.
La desfachatez que cubre a Venezuela queda desvelada con la respuesta del pretendido demócrata: "La responsabilidad de los militares es institucional", aseguró Molina Tamayo. ¡Guao! Qué manera de lavarse las manos. Cómo no se le ocurrió esta frase a Poncio Pilatos. Resulta que vestir uniforme exime de cualquier responsabilidad personal sobre cualquier participación en la administración de la nación.
Transcribo el resto de la contestación del contralmirante Molina: "Uno no trabaja para el Gobierno sino para la nación y lo trata de hacer lo más institucional posible". ¿Un general implicado en corrupción? Su responsabilidad es institucional. ¿Un coronel que quiebra una empresa del Estado o al Estado mismo? Responsabilidad institucional. ¿Un comandante que sumerge a un país en odios? Responsabilidad institucional. ¿Una culata que rompe un cráneo? Responsabilidad institucional. Ya entiendo por qué no hay ni un preso con el escandaloso robo que hicieron los militares en el Plan Bolívar 2000. Ya entiendo además por qué nunca se mencionó a ningún ladrón por su nombre. Robó la institución, lo que podría ser una aseveración muy general pero no menos realista. Al parecer, hasta los soldados rasos recibieron sus "propinitas" por hacer los mandados a los oficiales.
El día que estalle, si es que estalla, un proceso contra la corrupción administrativa de este Gobierno, los militares implicados esgrimirán lo mismo que Molina Tamayo: cumplían un rol institucional y no tienen responsabilidad personal alguna. Cuando haya sed de linchamiento, apresarán al primer Nino que se descuide. Sólo entonces sus amigos se avergonzarán y dejarán de envidiarlo y de ensalzarlo con la esperanza de que comparta con ellos algo de su "buena suerte". Porque en el fondo nadie censura la corrupción. Lo que no perdonan es que no alcance para todos, como sucedía en los setenta.
TAL CUAL JUEVES 7 DE MARZO DE 2002
28/01/2008
12/01/2008
13 libros destacados
Ahora que se dirime la necesidad de dar un vuelco a la manera de hacer crítica literaria, creo necesario que los críticos asuman y difundan no sólo su sapiencia, sino también su ignorancia. ¿Los mejores libros del año? Dime qué leíste; qué libros entraron en tu plica. Lo que sabe y lo que ignora. Su criterio técnico y su gusto. Su humanidad.
Junto a los libros relevantes de 2007, publico el listado de libros que leí, releí, ojeé, comencé y no terminé, comencé e interrumpí para continuar la lectura meses después (o no volver a enfrentarme a un libro que sé que quiero terminar). A veces me interesaba la técnica; otras, la trama. En ocasiones rebuscaba el sentido entrelíneas. Un par de veces la calidad de la obra me pareció tan infame que me obligué a terminarlo en busca de una línea que salvara al autor. Varios libros me engancharon de inmediato. A otros les otorgué un paciente margen de 30, 40, 100 páginas.
En el listado no abundan las novelas de reciente horneada. Sí las reediciones, las apuestas seguras. Muestro así mis apetencias. Prefiero la literatura de realidad y el ensayo, a la ficción (al menos, a la ficción de corte clásico). Tengo vocación de lector de cómic, donde creo que están sucediendo cosas interesantes, y la poesía la pondero más con el estómago que con la cabeza, sin que este año me estremeciera ningún poemario.
En todo caso, en esta trayectoria de reseñista-marabunta que finalizó con el último día del año, hice mío una premisa: hablar de la obra y no del autor.
Este es un streeptease a medias, pues no menciono los libros que leí sin que entraran en la categoría de “novedad española”, como aquello editado en 2006 (Jaramillo Agudelo, Olds, Armada, Murakami) o que, habiéndolo sido, no hubo tiempo para reseñados en la revista on line donde publiqué una sección dedicada a la literatura (Méndez Guédez, Armada, El Roto). Sin embargo, quizás este streeptease sea el mejor agradecimiento a los lectores que visitaron el portal durante dos años. Y también a todos aquellos que facilitaron mi tarea.
Los 13 mejores libros de 2007
Don DeLillo. El hombre del salto. 2007. Seix Barral. 289 p.
Cels Piñol. Fantom Town vol.1. Nuevo manual para niños con padres raros. 2007. Planeta DeAgostini Cómics.
Bill Bruford. Calor. 2007. Anagrama. 460 p.
Carlos Giménez. Todo Paracuellos. De Bolsillo. 2007. 607 p.
Charles R. Cross. Room full of Mirrors. Jimi Hendrix, la biografía. 2007. 350 p.
Umberto Eco (comp.). Historia de la fealdad. 2007. Lumen. 454 p.
Ernest Hemingway. Cuentos. 2007. Lumen. 596 p.
Nick Flynn. Otra noche de mierda en esta puta ciudad. Anagrama. 2007. 313 p.
Quim Monzó. Ochenta y seis cuentos. Anagrama. Edición Compactos. 2007. 498 p.
Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez y José María Merino. Palabras en la nieve. 2007. Rey Lear. 123 p
J. M. Coetzee. Diario de un mal año. 2007. Mondadori. 240 p.
Ryszard Kapuscinski. El Imperio. Compactos. Anagrama. 2007. 355
Art Spiegelman. Maus. 2007. Reservoir Books. Mondadori. 296 p.
Listado
Alan Furst. El oficial polaco.
Alejandro Jodorowsky & Juan Giménez. La casta de los Metabarones.
Alfredo Bryce Echenique. Las obras infames de Pancho Marambio.
Amélie Nothomb. Ácido sulfúrico.
Amos Oz. La historia comienza. Ensayos sobre literatura.
Ana Cristina Herreros (ed.). 2007. Cuentos Populares del Mediterráneo.
Andrés Barba & Javier Montes. La ceremonia del porno.
Ange (guión) & Pierre Alary (dibujo). Belladona.
Ángel Crespo. La vida plural de Fernando Pessoa.
Angelina Gatell (comp.) Mujer que soy. La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta.
Anna Politkóvskaya. Diario Ruso.
António Lobo Antunes. Ayer no te vi en Babilonia.
António Lobo Antunes. Conocimiento del infierno.
Art Spiegelman. Maus.
Arturo Pérez Reverte. El pintor de batallas.
Arturo Pérez-Reverte. No me cogeréis vivo (Artículos 2001-2005).
Bert Stern. Marilyn Monroe, la última sesión.
Bill Bruford. Calor. 2007.
Billy Collins. Lo malo de la poesía y otros poemas.
Boris Izaguirre. Villa Diamante.
Brian Azzarello. LoVELess. Espeso como la sangre.
Brian K. Vaughan & Niki Henrichon. Los leones de Bagdad.
Bruno Galindo. Diarios de Corea. Viaje a la última frontera de la guerra fría.
C. K. Williams. Reparación.
Care Santos. Disección.
Care Santos. La muerte de Venus.
Carlos Giménez. Todo Paracuellos.
Carlos Pardo. Echado a perder.
Carlos Santos. El silencio del gallo.
Carlos Trillo & Domingo Mandrafina. Spaghetti Bros.
Carmen Conde. Mujer sin Edén.
Cees Nooteboom. El enigma de la luz, un viaje al arte.
Cels Piñol. Fantom Town vol.1. Nuevo manual para niños con padres raros.
Charles M. Schulz. Snoopy y Carlitos. Tiras diarias y dominicales 1961 a 1962. 2007.
Charles R. Cross. Room full of Mirrors. Jimi Hendrix, la biografía.
Clarice Lispector. Para no olvidar. Crónicas y otros textos.
Claudio Magris. Usted comprenderá.
Concepción Carcajosa Virino (ed) La caja lista: televisión norteamericana de culto. 2007.
Cristina Peri Rossi. Cuentos reunidos.
Daniel Blanchard. Crisis de palabras (notas a partir de Cornelius Castoriadis y Guy Debord)
Danilo Facelli Fierro. Tresmicrorelatos.
David Foster Wallace. Hablemos de langostas.
Don DeLillo. El hombre del salto.
Donna León. Líbranos del bien.
Dulce Chacón. Algún amor que no mate.
Elena Cano Turrión (ed.). Aunque entiendo poco griego... fábulas mitológicas burlescas del Siglo de Oro.
Eloy Fernández Porta. AfterPop. La literatura de la implosión mediática.
Emilia Pardo Bazán. Cuentos.
Enrique Vila-Matas. Exploradores del abismo.
Ernest Hemingway. Cuentos.
Ernesto Pérez Zúñiga. El segundo círculo.
Fergus Fleming. La conquista del Polo Norte, una de las últimas epopeyas de la humanidad.
Fermín Solís. Lunas de Papel, una aventura de Cornelius Moon.
Fernando Iwasaki. Inquisiciones peruanas.
Fernando Lázaro Carreter. El nuevo dardo en la palabra.
Ferrán Gallego. Barcelona, mayo 1937.
Flores, A; Martínez Luque, J; Etxebarria, I; Miguel Álvarez. L; Carmona Pastor, E. Inéditos 2007.
François Cheng. Cinco meditaciones sobre la belleza.
Frank Gardner. Sangre y arena. La epopeya del corresponsal de la BBC tiroteado por Al Qaeda.
Gabriele Crepaldi. Gran Atlas del Impresionismo.
Garry Kasparov. Cómo la vida imita al ajedrez.
George Herriman. Krazy Ignatz 1929-30.
George Weller. Nagasaki, las crónicas destruidas por MacArthur.
Gilbert Hernandez. Pereza.
Gilles Lipovetsky. La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo.
Gonzalo Romero Izarra. Palabras liberadas. Microrrelatos para una pedagogía de la liberación.
Günter Grass. Mi siglo.
Hal Foster. Tarzán.
Haruki Murakami. Tokio blues. Norwegian wood.
Héctor Abad Faciolince. El olvido que seremos.
Henning Mankell. El secreto del fuego.
Hernán Casciari. España, perdiste. La verdadera historia de la mayor epidemia que ha asolado la península: los argentinos.
Ian Buruma. Asesinato en Ámsterdam (la muerte de Theo van Gogh y los límites de la tolerancia).
Ian Fleming, Jim Lawrence, Yaroslav Horak. James Bond, El espía que me amó.
Irene Jiménez. Lugares comunes.
Irvine Welsh. Secretos de alcoba de los grandes chefs.
Isabel Cobo. Utilidades de las casas.
Ismail Kadaré. Diario de Kosovo.
Italo Calvino. Todas las cosmicómicas.
J. M. Coetzee. Contra la censura. Ensayos sobre la pasión por silenciar.
J. M. Coetzee. Diario de un mal año.
Jack Kerouac. Libro de Jaikus.
Jamie Delano (guión), Philip Bond y Warren Pleece (dibujo). Hellblazer Especial: Mala Sangre, una comedia de restauración.
Javier Salinas. El cuaderno secreto de Hans.
Jean-Phillippe Peyraud. Primeros Calores.
Joaquín Marta Sosa. Amares.
John Lydon. Rotten, no irish, no blacks, no dogs, la autobiografía autorizada de Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols.
Joscha Sauer. Ni puta gracia.
José Apezarena. Luis Alfonso de Borbón, un príncipe a la espera.
José Manuel Caballero Bonald. Descrédito del héroe.
José María Merino. Cuentos de los días raros.
José María Merino. La glorieta de los fugitivos. Minificción completa.
José Ramón Huidobro. Sleeping Train.
Josha Sauer. Ni Puta Gracia 2.
Juan José Millás. Algo que te concierne.
Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez y José María Merino. Palabras en la nieve.
Julia Rolf (ed) / Prólogo de John Scofield. Jazz. La historia completa.
Julián Rodríguez. Lo improbable y otras novelas.
Julián Sánchez Caramazana. Venidos del miedo.
Kenzaburo Oé. M/T y la historia de las maravillas del bosque.
Kristin Gore. La colina de Sammy.
Liudmila Ulítskaya. Sóniechka.
Luis Eduardo Aute. AnimaLhito.
Marc Hatzfeld. La cultura de los suburbios.
Marta López Vilar. De sombras y sombreros olvidados.
Mary McCarthy. Pájaros de América.
Massimo Cacciari. Europa o la filosofía.
Michael Houellebecq. Supervivencia.
Milo Manara & Alfredo Castelli. El hombre de las nieves.
Milo Manara & Silverio Pisu. El Rey Mono.
Milo Manara, HP & Giuseppe Bergman. Volver a las estrellas.
Milo Manara. Día de Furia, todos a escena.
Milo Manara. El clic 4.
Milo Manara. Gulliveriana.
Milo Manara. Objetivo Indiscreto.
Misaho Kujiradoy, Courtney Love y DJ Milky. La princesa.
Mukthar Mai. Deshonrada.
Nedjma. La Almendra, memorias eróticas de una mujer árabe.
Neil Gaiman, Rachel Pollack & John Ney Rieber. La cruzada de los niños.
Nick Flynn. Otra noche de mierda en esta puta ciudad.
Nick Mason. Dentro de Pink Floyd. El largo y extraño viaje hacia el éxito de un grupo mítico.
Niel Gaiman, Dick Foreman, Jaime Delano & Nancy A. Collins. La Cruzada de los Niños.
Norman Mailer. El castillo en el bosque.
Paul Auster. Viajes por el Scriptorium.
Peru SaizPrez. Un corazón con pelos.
Tim Burton. Pesadilla antes de navidad.
Peter Bergen. Osama de cerca, una historia oral del líder de Al-Qaeda.
Philip Roth. El mal de Portnoy.
Philip Roth. Goodbye, Columbus.
Quim Monzó. Ochenta y seis cuentos.
Quino. ¡A mí no me grite!
Ralph Ruthe. Shit Happens!
Raúlo Cáceres. Elizabeth Bathory, el viaje del ataúd maldito.
Robert E. Howard. Conan, clavos rojos.
Robert Walser. Escrito a lápiz. Microgramas III (1925-1932).
Roberto Bolaño. El secreto del mal.
Roberto Bolaño. La Universidad Desconocida.
Roberto Saviano. Gomorra.
Roland Barthes. El Imperio de los signos.
Ryszard Kapuscinski. El Imperio.
Ryszard Kapuscinski. Encuen
Junto a los libros relevantes de 2007, publico el listado de libros que leí, releí, ojeé, comencé y no terminé, comencé e interrumpí para continuar la lectura meses después (o no volver a enfrentarme a un libro que sé que quiero terminar). A veces me interesaba la técnica; otras, la trama. En ocasiones rebuscaba el sentido entrelíneas. Un par de veces la calidad de la obra me pareció tan infame que me obligué a terminarlo en busca de una línea que salvara al autor. Varios libros me engancharon de inmediato. A otros les otorgué un paciente margen de 30, 40, 100 páginas.
En el listado no abundan las novelas de reciente horneada. Sí las reediciones, las apuestas seguras. Muestro así mis apetencias. Prefiero la literatura de realidad y el ensayo, a la ficción (al menos, a la ficción de corte clásico). Tengo vocación de lector de cómic, donde creo que están sucediendo cosas interesantes, y la poesía la pondero más con el estómago que con la cabeza, sin que este año me estremeciera ningún poemario.
En todo caso, en esta trayectoria de reseñista-marabunta que finalizó con el último día del año, hice mío una premisa: hablar de la obra y no del autor.
Este es un streeptease a medias, pues no menciono los libros que leí sin que entraran en la categoría de “novedad española”, como aquello editado en 2006 (Jaramillo Agudelo, Olds, Armada, Murakami) o que, habiéndolo sido, no hubo tiempo para reseñados en la revista on line donde publiqué una sección dedicada a la literatura (Méndez Guédez, Armada, El Roto). Sin embargo, quizás este streeptease sea el mejor agradecimiento a los lectores que visitaron el portal durante dos años. Y también a todos aquellos que facilitaron mi tarea.
Los 13 mejores libros de 2007
Don DeLillo. El hombre del salto. 2007. Seix Barral. 289 p.
Cels Piñol. Fantom Town vol.1. Nuevo manual para niños con padres raros. 2007. Planeta DeAgostini Cómics.
Bill Bruford. Calor. 2007. Anagrama. 460 p.
Carlos Giménez. Todo Paracuellos. De Bolsillo. 2007. 607 p.
Charles R. Cross. Room full of Mirrors. Jimi Hendrix, la biografía. 2007. 350 p.
Umberto Eco (comp.). Historia de la fealdad. 2007. Lumen. 454 p.
Ernest Hemingway. Cuentos. 2007. Lumen. 596 p.
Nick Flynn. Otra noche de mierda en esta puta ciudad. Anagrama. 2007. 313 p.
Quim Monzó. Ochenta y seis cuentos. Anagrama. Edición Compactos. 2007. 498 p.
Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez y José María Merino. Palabras en la nieve. 2007. Rey Lear. 123 p
J. M. Coetzee. Diario de un mal año. 2007. Mondadori. 240 p.
Ryszard Kapuscinski. El Imperio. Compactos. Anagrama. 2007. 355
Art Spiegelman. Maus. 2007. Reservoir Books. Mondadori. 296 p.
Listado
Alan Furst. El oficial polaco.
Alejandro Jodorowsky & Juan Giménez. La casta de los Metabarones.
Alfredo Bryce Echenique. Las obras infames de Pancho Marambio.
Amélie Nothomb. Ácido sulfúrico.
Amos Oz. La historia comienza. Ensayos sobre literatura.
Ana Cristina Herreros (ed.). 2007. Cuentos Populares del Mediterráneo.
Andrés Barba & Javier Montes. La ceremonia del porno.
Ange (guión) & Pierre Alary (dibujo). Belladona.
Ángel Crespo. La vida plural de Fernando Pessoa.
Angelina Gatell (comp.) Mujer que soy. La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta.
Anna Politkóvskaya. Diario Ruso.
António Lobo Antunes. Ayer no te vi en Babilonia.
António Lobo Antunes. Conocimiento del infierno.
Art Spiegelman. Maus.
Arturo Pérez Reverte. El pintor de batallas.
Arturo Pérez-Reverte. No me cogeréis vivo (Artículos 2001-2005).
Bert Stern. Marilyn Monroe, la última sesión.
Bill Bruford. Calor. 2007.
Billy Collins. Lo malo de la poesía y otros poemas.
Boris Izaguirre. Villa Diamante.
Brian Azzarello. LoVELess. Espeso como la sangre.
Brian K. Vaughan & Niki Henrichon. Los leones de Bagdad.
Bruno Galindo. Diarios de Corea. Viaje a la última frontera de la guerra fría.
C. K. Williams. Reparación.
Care Santos. Disección.
Care Santos. La muerte de Venus.
Carlos Giménez. Todo Paracuellos.
Carlos Pardo. Echado a perder.
Carlos Santos. El silencio del gallo.
Carlos Trillo & Domingo Mandrafina. Spaghetti Bros.
Carmen Conde. Mujer sin Edén.
Cees Nooteboom. El enigma de la luz, un viaje al arte.
Cels Piñol. Fantom Town vol.1. Nuevo manual para niños con padres raros.
Charles M. Schulz. Snoopy y Carlitos. Tiras diarias y dominicales 1961 a 1962. 2007.
Charles R. Cross. Room full of Mirrors. Jimi Hendrix, la biografía.
Clarice Lispector. Para no olvidar. Crónicas y otros textos.
Claudio Magris. Usted comprenderá.
Concepción Carcajosa Virino (ed) La caja lista: televisión norteamericana de culto. 2007.
Cristina Peri Rossi. Cuentos reunidos.
Daniel Blanchard. Crisis de palabras (notas a partir de Cornelius Castoriadis y Guy Debord)
Danilo Facelli Fierro. Tresmicrorelatos.
David Foster Wallace. Hablemos de langostas.
Don DeLillo. El hombre del salto.
Donna León. Líbranos del bien.
Dulce Chacón. Algún amor que no mate.
Elena Cano Turrión (ed.). Aunque entiendo poco griego... fábulas mitológicas burlescas del Siglo de Oro.
Eloy Fernández Porta. AfterPop. La literatura de la implosión mediática.
Emilia Pardo Bazán. Cuentos.
Enrique Vila-Matas. Exploradores del abismo.
Ernest Hemingway. Cuentos.
Ernesto Pérez Zúñiga. El segundo círculo.
Fergus Fleming. La conquista del Polo Norte, una de las últimas epopeyas de la humanidad.
Fermín Solís. Lunas de Papel, una aventura de Cornelius Moon.
Fernando Iwasaki. Inquisiciones peruanas.
Fernando Lázaro Carreter. El nuevo dardo en la palabra.
Ferrán Gallego. Barcelona, mayo 1937.
Flores, A; Martínez Luque, J; Etxebarria, I; Miguel Álvarez. L; Carmona Pastor, E. Inéditos 2007.
François Cheng. Cinco meditaciones sobre la belleza.
Frank Gardner. Sangre y arena. La epopeya del corresponsal de la BBC tiroteado por Al Qaeda.
Gabriele Crepaldi. Gran Atlas del Impresionismo.
Garry Kasparov. Cómo la vida imita al ajedrez.
George Herriman. Krazy Ignatz 1929-30.
George Weller. Nagasaki, las crónicas destruidas por MacArthur.
Gilbert Hernandez. Pereza.
Gilles Lipovetsky. La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo.
Gonzalo Romero Izarra. Palabras liberadas. Microrrelatos para una pedagogía de la liberación.
Günter Grass. Mi siglo.
Hal Foster. Tarzán.
Haruki Murakami. Tokio blues. Norwegian wood.
Héctor Abad Faciolince. El olvido que seremos.
Henning Mankell. El secreto del fuego.
Hernán Casciari. España, perdiste. La verdadera historia de la mayor epidemia que ha asolado la península: los argentinos.
Ian Buruma. Asesinato en Ámsterdam (la muerte de Theo van Gogh y los límites de la tolerancia).
Ian Fleming, Jim Lawrence, Yaroslav Horak. James Bond, El espía que me amó.
Irene Jiménez. Lugares comunes.
Irvine Welsh. Secretos de alcoba de los grandes chefs.
Isabel Cobo. Utilidades de las casas.
Ismail Kadaré. Diario de Kosovo.
Italo Calvino. Todas las cosmicómicas.
J. M. Coetzee. Contra la censura. Ensayos sobre la pasión por silenciar.
J. M. Coetzee. Diario de un mal año.
Jack Kerouac. Libro de Jaikus.
Jamie Delano (guión), Philip Bond y Warren Pleece (dibujo). Hellblazer Especial: Mala Sangre, una comedia de restauración.
Javier Salinas. El cuaderno secreto de Hans.
Jean-Phillippe Peyraud. Primeros Calores.
Joaquín Marta Sosa. Amares.
John Lydon. Rotten, no irish, no blacks, no dogs, la autobiografía autorizada de Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols.
Joscha Sauer. Ni puta gracia.
José Apezarena. Luis Alfonso de Borbón, un príncipe a la espera.
José Manuel Caballero Bonald. Descrédito del héroe.
José María Merino. Cuentos de los días raros.
José María Merino. La glorieta de los fugitivos. Minificción completa.
José Ramón Huidobro. Sleeping Train.
Josha Sauer. Ni Puta Gracia 2.
Juan José Millás. Algo que te concierne.
Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez y José María Merino. Palabras en la nieve.
Julia Rolf (ed) / Prólogo de John Scofield. Jazz. La historia completa.
Julián Rodríguez. Lo improbable y otras novelas.
Julián Sánchez Caramazana. Venidos del miedo.
Kenzaburo Oé. M/T y la historia de las maravillas del bosque.
Kristin Gore. La colina de Sammy.
Liudmila Ulítskaya. Sóniechka.
Luis Eduardo Aute. AnimaLhito.
Marc Hatzfeld. La cultura de los suburbios.
Marta López Vilar. De sombras y sombreros olvidados.
Mary McCarthy. Pájaros de América.
Massimo Cacciari. Europa o la filosofía.
Michael Houellebecq. Supervivencia.
Milo Manara & Alfredo Castelli. El hombre de las nieves.
Milo Manara & Silverio Pisu. El Rey Mono.
Milo Manara, HP & Giuseppe Bergman. Volver a las estrellas.
Milo Manara. Día de Furia, todos a escena.
Milo Manara. El clic 4.
Milo Manara. Gulliveriana.
Milo Manara. Objetivo Indiscreto.
Misaho Kujiradoy, Courtney Love y DJ Milky. La princesa.
Mukthar Mai. Deshonrada.
Nedjma. La Almendra, memorias eróticas de una mujer árabe.
Neil Gaiman, Rachel Pollack & John Ney Rieber. La cruzada de los niños.
Nick Flynn. Otra noche de mierda en esta puta ciudad.
Nick Mason. Dentro de Pink Floyd. El largo y extraño viaje hacia el éxito de un grupo mítico.
Niel Gaiman, Dick Foreman, Jaime Delano & Nancy A. Collins. La Cruzada de los Niños.
Norman Mailer. El castillo en el bosque.
Paul Auster. Viajes por el Scriptorium.
Peru SaizPrez. Un corazón con pelos.
Tim Burton. Pesadilla antes de navidad.
Peter Bergen. Osama de cerca, una historia oral del líder de Al-Qaeda.
Philip Roth. El mal de Portnoy.
Philip Roth. Goodbye, Columbus.
Quim Monzó. Ochenta y seis cuentos.
Quino. ¡A mí no me grite!
Ralph Ruthe. Shit Happens!
Raúlo Cáceres. Elizabeth Bathory, el viaje del ataúd maldito.
Robert E. Howard. Conan, clavos rojos.
Robert Walser. Escrito a lápiz. Microgramas III (1925-1932).
Roberto Bolaño. El secreto del mal.
Roberto Bolaño. La Universidad Desconocida.
Roberto Saviano. Gomorra.
Roland Barthes. El Imperio de los signos.
Ryszard Kapuscinski. El Imperio.
Ryszard Kapuscinski. Encuen